sábado, 19 de mayo de 2012

NOVEDADES



Menudo artefacto se acaban de sacar de la chistera los señores Wilson y Akerfeldt, líderes respectivamente, de Porcupine Tree y Opeth.
Algunos esperábamos un disco cercano a cualquiera de las dos bandas, si me apurais, más cercano a los trabajos de Opeth que a los de los Tree. Ni hablar. Nada de eso. Nos han descolocado a todos, señores..

Este es un disco difícil de comentar. Porque es difícil de escuchar. Puede que sea hasta difícil de entender. Oyendo el primer tema “Drag Ropes”, uno tiene que mirar si no le han colado algún CD de alguna banda sonora de una película de Tim Burton. Un tema oscuro, largo, denso, y, por supuesto, muy, muy alejado del rock. Empieza la inquietud: esto… ¿qué coño es? Atmósfera inquietante, coros casi operísticos… joder, toda una sorpresa. Aún no sabemos si agradable o no. El vídeo con el que han ilustrado este tema no tiene desperdicio, una historia inquietante donde las haya.
Parece ser que estos dos elementos se juntaron en varias ocasiones, con la intención de grabar canciones, sin ideas preconcebidas de lo que iba a ser esa colaboración. Se dedicaron a beber vino, y a dejar que la música fluyera. Y experimentaron… vaya si experimentaron. No sabemos si los efluvios del vino tuvieron algo que ver, pero gente como Robert Fripp, El Maestro Del Experimento, se sentirá muy identificado con esta música.



Avanzamos en el disco, y nos encontramos la verdadera joya del disco, el tema que da nombre al mismo. Una joya minimalista. Sonidos de una tormenta lejana, una guitarra acústica, la voz susurrante de Wilson, algún solo de guitarra floydiano pero minimalista también… y tenemos uno de los temas más hermosos que se hayan escrito en lo que llevamos de año. El final del tema es algo descacharrante, algo que nos encontraremos en alguna canción más, pero eso no le quita ningún mérito.

“Hag”, “Happy” y “Lock Howl” continúan con la atmósfera crimsoniana del disco, hasta llegar al tema final, “Ljudet Innan”, otro tema largo y atmosférico, casi instrumental en su totalidad.
La parte vocal de la mayoría del disco corre a cargo de Wilson, dejando a Akerfeldt más bien poco espacio en ese sentido. Y las instrumentales, corren a cargo de estos dos genios, excepto breves partes de percusión, en las que encontramos al siempre eficaz Gavin Harrison.

Lo dicho: a la hora de enfrentaros a este trabajo, no os dejeis influenciar por los trabajos o bandas de Wilson o Akerfeldt. Esto no tiene nada que ver. Liberaos de prejuicios, y preparaos para escuchar una amalgama de sonidos poco común. Extraños, hermosos… sonidos que invitan a la introspección. La primera vez no entra, la segunda, quizá tampoco. Dadle más escuchas.

Y se me olvidaba lo más importante: yo prohibiría escuchar este disco de día, o con cualquier clase de luz. En la oscuridad es donde toma su verdadera dimensión. Hacedme caso, os dirá cosas, muchas cosas….
Ricardo Moreno "Ritchie"


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