sábado, 11 de febrero de 2012

NOVEDADES



“Mientras Foxy Shazam siga vivo, el rock and roll no estará muerto”. Y es cierto. Freddie Mercury, de haber sido enterrado, estaría revolviéndose en su tumba, sí, pero de puro goce: el rock pomposo, grandilocuente e irreverente tiene todavía cuerda, y encuentra en Foxy Shazam uno de sus máximos abanderados.

Con el antecedente de haber parido uno de los mejores discos de 2010 y algunos de los temas más adictivos y coreables de los últimos lustros, llega “The Church of Rock and Roll”, el lugar al que todo buen rockero debería acudir al menos una vez en su día. Sin llegar al insuperable y difícilmente igualable nivel de su anterior y homónimo trabajo, 2012 comienza con once temas que planean por encima de la mayoría de bandas de la actualidad sin esfuerzo alguno.
El rock manda desde el primer segundo, desde esa canción que da título al álbum y que nos invita a entrar en la Iglesia del Rock and Roll, en la que se dan cita guitarras, trompetas, coros por doquier y muchísima clase.

“I Like It” asoma como el primer single, un ritmo pegadizo y un estribillo potente nos mantienen con las pilas a tope para llegar a “Holy Touch”, uno de los temas que más recuerda a su anterior trabajo. “Last Chance of Love” nos recuerda poderosamente a la banda queenera con la que han compartido cartel en una ya extensa gira, The Darkness, donde las guitarras toman influencias despreocupadas (y no será la única vez) que, sin embargo, absorben sin problema para seguir creando su propio sonido. ¿Alguna duda de que ya lo han conseguido?

Es en la mitad donde vienen algunos de los mejores temas, como “Forever Together”, donde el rock da un abrazo al soul y al pop sin ningún problema: puro posmodernismo que demuestran que Eric Sean Nally, “el culpable de todo esto”, puede permitirse cuanto quiera y sin perder calidad por el camino. Sesentas, setentas, ochentas, noventas, dosmiles: Foxy Shazam miran atrás y crearán futuro. “(It’s) Too Late Baby” contiene algunas de las mejores melodías que podamos encontrar en su obra, y la macarra “I Wanna Be Yours” se niega a rebajar nivel o potencia.

“Wasted Feelings” vuelve a recordarnos a la banda que nos sorprendió con su disco, dos años atrás, y no por falta de sorpresa el tema resulta menos brillante, con falsetes, piano, coros y sección de viento.
“The Temple” se postula favorita a ser la primera olvidada del disco, pero que nadie tema, son tres minutos y medio más que correctos que se afrontan con muchísimo agrado, más cuando la recta final, con “The Streets” y “Freedom”, deja un sabor de boca tan espléndido: dos himnos como dos iglesias.

Foxy Shazam ha conseguido otro disco fabuloso. No ha hecho el milagro, pero ha conseguido mantener un delicioso nivel en un disco que ningún amante del rock setentero y pomposo debiera dejar escapar. Pasen, feligreses del rock, a ver cómo la banda juega con su música, cómo entran y salen las guitarras y los vientos, palmas, chasquidos de dedos, DJ’s a los que la música interrumpe y no al contrario. Cómo el rock sigue vivo porque, sí, Foxy Shazam está entre nosotros. Y por muchos años.


Julen Figueras

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