jueves, 31 de octubre de 2013

ESPECIAL NOCHE DE HALLOWEEN!!! MIRADAS RETROSPECTIVAS: BLACK SABBATH, URIAH HEEP, OPETH. NOVEDADES: BLOOD CEREMONY "THE ELDRITCH DARK"

1983
"Born Again" ¿El disco de la discordia? No pocas voces se alzaron en su día en contra de este trabajo, que si la portada era un horror, que si Gillian no pintaba nada en una banda como Black Sabbath, que si el sonido del álbum era una puta mierda...

En su momento se especuló sobre la posibilidad de que esta extraña unión no llevase el nombre de la insigne banda padre del Metal, pero finalmente "Born Again" se convertiría en el décimo primer trabajo de los de Sheffield.

En un principio Ian Gillian era reticente a entrar en una banda como Black Sabbath, fueron varias las ocasiones en las que el vocalista del "Mark II" manifestó su desagrado por la banda de Iommy y por el sonido oscuro de esta.

Pero finalmente accedió a convertirse en el sucesor de Dio, algo que alegraría enormemente a Ozzy que llegaría a comentar que "Born Again" era el mejor disco de la banda desde los tiempos de "Sabotage".


Y es que el disco de marras tiene su miga amigos...desde la portada, una portada que haría cagarse de miedo a las Ánimas del Purgatorio y que de tan cutre que es parece el cartel de una peli chunga de Paul Naschy, a la que sumamos una música tan descerebrada en ocasiones, que como banda sonora de la noche de "Halloween" no tiene rival.


El caso es que hay controversia con el sonido de "Born Again". Unos dicen que se mojaron las cintas donde estaban las canciones registradas y que ni el mismísimo Belcebú pudo arreglarlas. Otra historia que pulula por los mundos del metal es que Geezer Butler en un ataque de ego o vaya usted a saber, metió mano a la grabación subiendo el sonido del bajo a su gusto, jodiendo la marrana y de paso el disco.

Pero uno de los encantos de "Born Again" 30 años después de su publicación radica en ese sonido tan cacharrero y garajero, que da una dimensión psicótica a unas canciones ya de por si pasadas de vuelta. Primero por un Iommy descosido en sus riffs, y segundo por un Ian Gillian empeñado en demostrar que como vocalista de Heavy Metal podía competir con Harlford, Dickinson o su antecesor en la banda Ronnie James Dio.

"Born Again" de verdad que no tiene desperdicio, y es un trabajo altamente recomendable. En su día pese al disgusto que se llevó parte de la parroquia funcionó realmente bien en Gran Bretaña, alcanzando ventas similares a los buenos años de Ozzy.


Musicalmente hay que saber llevar los momentos en los que Gillian se desquicia cosa mala y puede llegar a desquiciar igualmente al personal. Pero es imposible quedar impasible ante un himno del calibre de "Trasehed", un temazo liderado por un riff marca de la casa que recuerda al "Neon Knights" del primer álbum con Dio, y con un Gillian emperador romano a la voz, que de tener el sonido que realmente se merecía campearía en aquellas lejanas campañas metálicas de la "NWOBHM".


Después del instrumental "Stoneange", llega el turno de la satánica "Disturbing The Peace", una mini odisea metálica en la que unas fuerzas demoniacas martirizan a un pobre cura ante la inocente mirada de un niño...ni que decir que el tema suena ochentero de cojones, aunque el principio mete bastante miedo gracias a los dementes alaridos de Mr Ian Gillian.

Otra canción de "alucina vecina" es "Zero the Zero", si le quitamos los efectos de sonido que le dan ese aspecto tan Kitsch 80´s, nos queda un tema de Hard/Heavy la mar de molón...¿Y que decir de "Digital Bitch"? Pues otro de los temas por lo que ya vale la pena gastarse los cuartos en este disco. HeavyMetal lascivo y poderoso, tan excesivo por sus riffs y gritos de Gillian como necesario en aquella genial década de los ochenta. Un cruce visceral de hemoglobina Heavy entre Purple y los propio Sabbath.

"Hot Line" es pura enajenación metálica con un Gillian fuera de si y "Keep it Warn" un flojo cierre de disco que no se merecía "Born Again", posiblemente una de las canciones más flojas del grupo.

La gira de "Born Again" imagino que sería ciertamente extraña y hasta cierto punto esperpéntica; imaginamos a los Sabbath tocando temas de este disco y hasta el "Smoke on the Water"  de los Purple, a Gillian cantando "Paranoid" y "Iron Man"...el disco se he reeditado con temas en directo como el mencionado "Smoke..." y tengo curiosidad por saber si ese remaster ha arreglado el desasguisado original o simplemente es otro saca cuartos al incauto fan...mientras tanto escucharé de nuevo "Trasher", el mejor tema de este desigual pero entrañable trabajo.

El Hijo de Ron Keel







1981
Tras el tremendo bombazo que supuso la vuelta de Black Sabbath, con un vocalista tan carismático como Ronnie James Dio, y dejando a todos boquiabiertos con el inmenso “Heaven & Hell”, la cosa estaba más que difícil de superar.

Así que la banda se puso de nuevo en manos de Martin Birch, ese hombre responsable de la mayoría de los discazos de metal que triunfaron a finales de los 70-principios de los 80, para acometer la compleja misión de al menos igualar su ya clásico por aquel entonces trabajo anterior.

Y la misión se cumplió… y de que manera. Con los acordes iniciales de “Turn Up The Night” te das cuenta de que las segundas partes si que pueden ser las buenas. Arrollador comienzo, Ronnie en completa forma, y la guitarra de Iommi, un guitarrista que nunca se ha caracterizado precisamente por su rapidez, emulando a alguno de los virtuosos que por aquel entonces empezaban a despuntar ya en el heavy metal. Para este hombre no hay barreras con las seis cuerdas.

La primera parte del disco es espectacular: a la ya mencionada “Turn Up The Night” le siguen las siniestras “Voodoo” y “The Sign Of The Southern Cross”. Sobre todo esta última, donde parece que te sumerges en un sueño maligno, en alguna remota aldea amenazada por las fuerzas del Mal, que se desbocan al llegar la noche. Un tema escalofriante de verdad, con una intro bucólica que se convierte inmediatamente en un arrebato de furia demoníaca, cortesía del Sumo Sacerdote del Riff, el señor Iommi. Un tema para disfrutar ahora que se acercan los tiempos de Halloween.


No abandonamos después ese aire maligno: la instrumental e hipnótica “E5150” nos hace mirar hacia atrás, no sea que algún ente nos amenace sigilosamente mientras oímos el disco. Hasta que llega de nuevo la furia: el riff demoledor de “The Mob Rules” lo invade todo, y nos presenta uno de los temas más violentos y cañeros que nunca haya grabado el grupo. Ronnie ruge mientras Iommi, Butler y Appice construyen un muro sónico absolutamente impenetrable, sólido como una roca. Uno de los temas imprescindibles del metal de los 80.

“Country Girl” nos da un pequeño respiro, con un riff típico de los Sabbath de épocas pasadas. El espíritu de Ozzy parece cabalgar en esta canción, y “Slipping Away”, quizá el tema más flojo del álbum, sirve para que los músicos exhiban sus habilidades ante el respetable.

¿Os acordais de la magnífica “Die Young” de “Heaven & Hell”? Pues tuvo su continuación en este disco. “Falling Off The Edge Of The World” parece su hermana gemela. Exactamente igual de estructurada, y exactamente igual de buena.

Esta obra se cierra con la dramática y oscura “Over And Over”, el lamento y el desgarro de Dio en una especie de balada insana acaba con uno de los discos que hay que tener

obligatoriamente si de verdad te consideras un amante del genuino metal de todos los tiempos. Qué pena que después de estas dos obras de arte, los malditos egos nos impidieran seguir disfrutando de una racha que, de haber continuado, quién sabe los tremendos momentos que nos hubiera proporcionado.


Ritchie Moreno




1974

Una noche como la de "Halloween" no solo la componen elementos puramente terroríficos. Para que la calabaza "Jack-O-Latern" muestre su característica y siniestra sonrisa con complacencia, tiene que haber un hueco para lo fantástico y misterioso...

La música de los británicos Uriah Heep siempre ha estado rodeada de esos dos elementos. Incluso en sus primeras grabaciones había una significante cantidad de sonidos barrocos y terroríficos.

En lo personal creo que por las tres primeras obras de los Heep el tiempo ha pasado bastante mal. Que nadie me mal interprete, " Very ´Eable...Very ´Umble", "Look at Yourself" o "Salisbury" tienen temas gloriosos que han marcado al primer Hard Rock de los 70, pero hay otros temas que ya no suenan tan frescos si los comparas con la misma época de los Black Sabbath, Budgie o Jethro Tull.

Creo que lo realmente bueno para los Heep empezó en 1972 con el fascinante "Demons & Wizards", y prosiguió con los siguientes "The Magician´s Birthday", "Sweet Freedom", "Return to Fantasy" y este "Wonderworld".

El disco se grabó en Francia, en los primeros meses del 74. Eran malos tiempos para los británicos. A pesar de que la banda estaba en un gran momento de creatividad, los escesos iban a empezar a resquebrajar al famoso villano de "David Copperfield".


David Byron se ahogaba día a día en una botella de "Jack Daniels", mientras que Ken Hensley respiraba poco más que en un océano de farlopa.

Ante tanto desatino, el guitarrista de la banda Mick Box que llevaba escamado con éste dúo de adictos (al que se unía el bajista y yonki Gary Thain) desde "Sweet Freedom" aún le quedaban fuerzas para intentar que el álbum no se fuese al garete...lo consigue a medias.

"Wonderworld" es un buen disco de Rock duro, con unas melodías muy bien trabajadas en las voces de Byron y en los teclados de Hensley. Las guitarras siguen sonando potentes de veras, y para hacerles la competencia a los Purple o Sabbath, algunos temas como la devastadora "Suicidal Man" o la hermosa balada "The Shadows of the Wind" tienen el suficiente potencial.

La producción a cargo del capo del sello "Bronce" al que pertenecía la banda, y las malas (en general) críticas con las que fue recibido "Wonderworld", bastarán para que este buen disco se pegue una buena ostia.

El disco, que merece la pena desde la portada (en la que los miembros del grupo se retratan como estatuas de cemento) pasará casi al olvido en pocos meses hasta su reedición con bonus tracks durante la década pasada.

Caído en Little Big Horn






2003

Quien pensara en Opeth únicamente como una banda de doom o black metal al uso, se llevaría un buen chasco con este disco, como le sucedió a un servidor.

Intrigado porque un tipo como Steven Wilson se involucrara con una banda de este estilo, el que os escribe se aventuró a rascarse el bolsillo para investigar más a fondo el por qué de esa colaboración. Bendito momento.

Lo que aquí nos encontramos es un álbum triste, melancólico, ideal para oir en estas largas tardes de otoño mientras vemos llover por la ventana.

Guitarras acústicas, mellotrones… y la voz de Mikael Akerfeldt casi susurrando las canciones. Una verdadera y melancólica sorpresa. Ahora si me cuadraba… Wilson y sus tristezas habían embaucado a estos aguerridos suecos, que habían por fín descubierto su lado más sensible.


Una amalgama de canciones lánguidas, pero deliciosas. Desde la inicial “Windowpane” y ese mellotrón que flota en el ambiente… la suplicante “In My Time Of Need”… la prog “Death Whispered A Lullaby”… la folkie “Closure”…

Una advertencia: tened cuidado con un artefacto como “Hope Leaves”. Es un tema peligroso, no muy aconsejable de escuchar en determinados momentos, en ésos en los que parece que todo se te derrumba. Puede que te ayude en tu caída libre.

Aparte de en la producción, Wilson echa una mano metiendo coros e instrumentaciones varias, sobre todo a nivel de teclados. Y se nota la mano del Maestro. Esta colaboración desembocaría en una estrecha amistad entre Wilson y Akerfeldt, que hasta nuestros días nos ha dejado cosas tan impactantes como ese disco que grabaron a dúo bajo el nombre de Storm Corrosion, y que esperamos continúe en el futuro para deleite de nuestros oídos.

The Fall Is Coming…

Ritchie Moreno






NOVEDADES:2013

Parece mentira que discos como este, tercero ya en la carrera discográfica de los canadienses haya sido publicado en pleno 2013. Hace ya algunos meses de su publicación, y no podía seguir haciéndole el vacío a "The Eldritch Dark".

Hay algunos indicios de que esta banda liderada por la vocalista y teclísta Alia O´Brien tomó su nombre de la película de terror (en todo el sentido de la palabra) "Ceremonia Sangrienta", cinta setentera en la que lo que más miedo daba era ver los nombres de Lucía Bosé y sobretodo el de Espartaco Santoni entre el elenco de protagonistas.

Obviando estas anécdotas, los canadienses decidieron empezar su fiesta pagana a base de Rock y Folk setentero y ocultista en el año 2008 con su homónimo lanzamiento, siguiendo su baile de los malditos con "Living with the Ancients" en el 2011 y con este "The Eldritch Dark" recientemente.

Blood Ceremony pertenecen a la secta "Doom" pero desde un lado amable en cuanto a su sonido, los ambientes de Folk campestre que envuelven a sus canciones, y la psicodélia de la que hacen gala en no pocos temas de esta grabación les alejan de bandas que viven como ellos por y para el "Doom Rock", "Stoner" o como queráis llamarlo. Bandas como "Vista Chino" o "Wo Fat" viven en la otra punta del pentagrama invertido de "Baphomet".

"The Eldritch Dark", como ya ocurrió en las anteriores grabaciones de la banda, recoge un suculento manjar de viandas de Rock y Folk Satánico con muchas referencias a la novela gótica del siglo XIX, y no pocas a las películas de horror de los años sesenta y setenta, convirtiendo al disco en una banda sonora digna de la "Hammer", que rodase una cinta basada en los Black Sabbath, Buffalo o cualquiera de las bandas de Hard Rock ocultistas de aquella época.


Si Black Sabbath tanto por riffs como por la estupenda voz de O´Brien son una referencia clara en el sonido de la banda, no podemos olvidarnos de Jethro Tull que también son carne de culto por los canadienses, amparados en los pasajes de flauta a lo Anderson con los que nos deleita la banda, y por los retazos de puro pillaje "Tullianos" del "Songs From The Wood" o del "Minstrel in the Gallery", a los que añadimos el debut de los belgas Wellington de 1970.

Así el disco nos estigmatiza desde el comienzo con "Witchwood", donde las brujas se citan en lo recóndito del bosque para hacer un aquelarre perfecto, donde la voz de Ozzy y la flauta de Ian Anderson toman el cuerpo de la misteriosa vocalista de la banda.

Los hermosos pasajes de guitarra se pasean por las estupendas melodías de "Goodbye Geminy" o "Drawing Down in the Moon" convirtiéndolo en un pandemónium que volvería majaras a los mismísimos Black Widow.

O´Brian que ejerce de maestra de ceremonias casi siempre, le cede su puesto al guitarrista Sean Kennedy en la formidable "Lord Summerisle", en la cual ambos, bruja ella, druida él, dan forma a la melodías vocales más agradables y "Folkies" del álbum.

Álbum que no decae en ninguno de los nueve números que contiene, y que se despide casi enorme con el instrumental "Faunus" y "The Magician", una hija ilegítima nacida de las entrañas de unos Sabbath o de unos Uriah Heep.

Caído en Little Big Horn



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