lunes, 17 de febrero de 2014

MIRADA RETROSPECTIVA: DAVID LEE ROTH "Eat´Em & Smile"


eat
1986
DAVID LEE ROTH “Eat’em and smile” Bueno, bueno, bueno… ésto si que fue una sorpresa en su momento. Porque, después de la desbandada de Roth de Van Halen, tras parir uno de los mejores (y más rentables) trabajos de su discografía, el imprescindible “1984”, la cosa no pintaba nada bien. Los hermanos holandeses optaron por fichar a Sammy Hagar, un cambio en el banquillo que, francamente, pocos entendieron en su día.
 Y Roth, después de grabar un EP altamente sospechoso, con canciones que se acercaban más a los territorios de cualquier “crooner” que a contundentes andanadas rockeras, parecía que estaba perdido para la causa. Nos quedábamos sin una de las mayores superpotencias que el rock USA nos había regalado. Pero, afortunadamente, los caminos del Rock son inescrutables. Mientras Eddie y Alex convencían a todo el mundo de que había vida después de Roth (como “5150” así se encargó de demostrar), la verdadera incógnita era el bueno de Diamond Dave.

 Sin embargo, y contra todo pronóstico, las primeras noticias de su vuelta no podían ser mejores: se había rodeado de músicos que hacían palidecer a cualquier banda rockera del momento: el increíble Steve Vai y su inmensa batería de trucos a las seis cuerdas. El no menos pirotécnico Billy Sheehan, y un batería, Greg Bisonette, que estaba empezando a dar mucha guerra en el circuito.

 No era previsible, por tanto, desperdiciar tantísimo talento haciendo un disco de versiones de Frank Sinatra o Dean Martin. Y el pepinazo se consumó… Desde el momento en que desvirgas con la aguja este “Eat’em And Smile”, y escuchas el cachondo diálogo de Roth con las guitarra de Vai, al comienzo de la espectacular “Yankee Rose”, sabes que esto va a ser una bomba. Un disco de rock difícilmente puede tener un comienzo mejor. Si Vai y Roth pretendían llevar la voz cantante en este trabajo, la verdad es que no eligieron los mejores compañeros precisamente.


eat and smile 2 



 El bajo de Sheehan desafía una y otra vez a Vai y su chistera en forma de seis cuerdas, y Bisonette y su contundente golpeo le siguen el ritmo a estos dos sin flaquear en ningún momento. No has terminado de cerrar la boca cuando “Shyboy”, un clásico de la vieja banda de Sheehan, Talas, pero reconvertida en un torbellino de notas y velocidad, te golpea otra vez en los morros. Quizá, el cénit técnico de este disco. A ver quién es el guapo que supera éso. Cuando todo parece que va a ser un orgasmo sónico, aparece la primera frikada del disco, cortesía de, como no, el inefable Diamond Dave.

 “I’m easy” nos recuerda el gusto de Roth por los viejos crooners, y este tema debió quedársele en el tintero de ese finstro de disco que fue “Crazy From The Heat”. Bienvenidos a los 50. Por ahí anda una big band cubriendo las espaldas a estos cuatro en este tema. Perdonado el desliz (la verdad es que una cachondada no viene mal para desengrasar un poco, y en eso Roth es todo un maestro), y después también de la sensual “Ladies Nite in Buffalo”, aparece el hit AOR de este trabajo. 

“Goin’ Crazy” se asoma a territorios que ya por aquel entonces los mejores Van Halen habían contemplado. Una fuerte cobertura de teclados inunda un tema que es un single perfecto, y que demostró a los fans de VH que a Roth no se le había olvidado lo que hizo con su anterior grupo. La segunda parte de este trabajo se inicia con la clásica “Tobacco Road”, y su riff, en manos de una bestia como Vai, se convierte en un auténtico riff de heavy metal, aunque el espíritu bluesy del tema no decae en ningún momento.
 “Elephant Gun” sigue un poco la estela de “Shyboy”, aunque no es ni de lejos de los mejores temas del disco, y “Big Trouble”, con esa especie de “rap” que se marca Roth recitando las estrofas de la letra y el contundente riff de Vai, suben un poco el nivel de esta segunda parte del disco que, a mi parecer, baja bastante en el octanaje general.

 El disco se cierra con “Bump And Grind” (nada que comentar) y, como no, con otra salida de tono del maestro Roth, “That’s Life”. Como ya he comentado, creo que nadie nos esperábamos un trabajo de este calibre que, comparado con el viraje hacia el AOR que Van Halen habían experimentado, convertían de golpe y porrazo a este “Eat’em And Smile” en uno de los mejores trabajos de ese año., y hacían que Roth y sus compinches tomaran franca delantera a Van Hagar. Habían conseguido sonar más a Van Halen que los mismísimos Van Halen.

 Más tarde, y debido al éxito del disco, Roth decidió, en otro de sus delirios, sacar una versión en castellano, el inefable “Sonrisa Salvaje”, un disco al que, si aceptáis el consejo de este humilde crítico, no deberíais acercaros más que en una noche de mucho, mucho alcohol y risas, que es cuando realmente no eres consciente de lo que estás escuchando, y no se lo tendríais tan en cuenta a Roth. Un disco muy divertido, espectacular, y salvaje.

Ritchie Moreno


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