martes, 29 de abril de 2014

JETHRO TULL: "A" 1980-MIRADA RETROSPECTIVA

Mi primer contacto con el señor Anderson. En una legendaria tienda de discos de la capital, discos MF (Dios la tenga en su gloria), viendo vinilos y casettes,  y eligiendo cual merecería la pena suficiente para que me pusiera a ahorrar un poco, apareció ante mis ojos un disco de portada llamativa, misteriosa.

caido tull foto 1
 Unos tipos que miraban con cara de asombro, a través del cristal de una torre de control, una misteriosa letra A, iluminada por una refulgente luz púrpura. Wow !!! En mi ya largo caminar por el mundo de la música, a menudo me he dejado llevar por la intuición de que, un disco con una portada espectacular, es posible que contenga muy buena música. No siempre era así, pero, en el caso de “A”, acerté de pleno.

No se si sabreis que este era, en principio, el primer disco de Ian Anderson en solitario. Después de “Stormwatch”, un disco que seguía la tradición folk del grupo, pero en el que ya se adivinaba cierto gusto por la electrónica, Anderson, seducido por ese lado oscuro del rock, decidió preparar un trabajo  en el que los teclados, sintetizadores y demás tecnología tomaran ventaja con respecto a los instrumentos más orgánicos.

 Y se lanzó a la piscina digital, acompañado por su siempre fiel escudero Martin Barre (que no sabemos qué cara pondría cuando Anderson le explicara el proyecto), y fichando para la ocasión a todo un experto en la materia, el siempre eficaz e infravalorado, infravaloradísimo Eddie Jobson, un tipo con la experiencia suficiente como para haber trabajado con bandas del calibre de UK, Roxy Music, Frank Zappa o Curved Air. Ahí es nada.

caido tull foto 2
Chrysalis, que se olía la tostada de que de ahí podía salir un discazo, presionó lo suficiente para que Anderson se olvidara de individualismos, y facturara el nuevo trabajo como un nuevo disco de Jethro Tull. Y así fue, el decimotercer álbum de la banda estaba servido.

Me imagino que a los fans más recalcitrantes del grupo no les debió hacer ni puta gracia el comienzo con “Crossfire”, un tema en el que los teclados y las guitarras sintetizadas llevan la voz cantante, y con cierto aire hard-rock en los riffs. Definitivamente, pensarían, éste no va a ser un album folkie. 
Pero, mira por donde, el siguiente tema, “Fylingdale Flyer”, recupera ese gusto del grupo por las armonías semi-medievales, adornadas, eso sí, por la eficaz y contundente guitarra de Mr. Barre. Este fue el single del disco. Algo similar pasaría con la siguiente, “Working John, Working Joe”, que con ese inicio acústico, transformado en un potente riff guitarrero por parte de Barre, insiste en los tempos que la banda de Anderson tan bien ha dominado en toda su historia.

 Seguro que, tras estos dos temas, los die-hard fans del grupo se quedarían un poco más tranquilos, para quedar de nuevo en fuera de juego con el inicio de “Black Sunday”, electrónico y misterioso. Para mí, el tema más espectacular del álbum, donde Jobson se desboca con sus teclados, pero en el que podemos sentir aún el regusto tradicional andersoniano en la melodía. Su travesera también reluce por allí, no se le había olvidado para nada. 


La segunda parte del disco, todo hay que decirlo, baja un poco el nivel mostrado hasta ahora. “Protect And Survive” y “Batteries Not Included”, éste último, un tema totalmente electrónico, y el más flojo del disco, ya dan más pie a la experimentación, y Jobson toma el mando definitivamente, con sus máquinas y cacharros digitales. “Uniform” y “4WD (Low Ratio)” nos hacen impacientarnos un poco, seguimos con temas algo insulsos e impropios de un tipo como Anderson.

caido tull foto 3

 Hasta que aparece, por sorpresa,  “The Pine Marten’s Jig”, una instrumental que bien podría haber formado parte de discos como “This Was”, “Thick As A Brick” o “Minstrel In The Gallery”. Sorprendente cambio de tercio. Un tema absolutamente medieval, pasado por el tamiz electrónico de este trabajo. Parece una celebración en el patio de un castillo. La flauta de Anderson enloquece, y Jobson nos regala un solo de otro de los cacharros que domina a la perfección, el violín eléctrico. ¿Por qué no incluirían más temas de este calado?

El disco se cierra con “And Further On”, un tema tranquilo y reposado para descansar después de la exhibición de la anterior canción, y despedirnos.Sorprendente álbum de Anderson, como seguro era su intención.

 Una extraña mezcla de elementos tradicionales y nuevos, y quizá un punto de inflexión en la música de los Tull, que culminaría en el ya absolutamente raro e inusual “Under Wraps”, otro intento, fallido, por parte de Anderson por sacar, de una vez por todas, su disco en solitario, algo que tendríamos que esperar aún varios, muchos diría yo, años.

Yo sigo teniéndole mucho cariño a este álbum. Es como esa primera novia a la que no has olvidado todavía, y que te hace sonreír de vez en cuando con su recuerdo. 

Ritchie  Moreno



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