jueves, 29 de mayo de 2014

DIO "HOLY DIVER": MIRADA RETROSPECTIVA

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1983
La verdad es que hay veces que hablar o escribir de un disco es una auténtico placer. Cuando tienes tan claro que, 31 años después de haberse publicado, un trabajo como este “Holy Diver” sigue siendo un artefacto que patea culos, las palabras, adjetivos, calificativos, etc, salen a raudales y es difícil contenerse.

Aún recuerdo la expectación que había levantado la noticia de que Ronnie, tras una escabrosa salida de Black Sabbath (las malas lenguas aseguran que boicoteó el proceso de producción de “Live Evil” para forzar esa salida), había montado todo un supergrupo, (se rumoreaba el nombre de Bible Black, toda una declaración de intenciones), y que en él iban a viajar, aparte de Ronnie, su compinche en Sabbath, Vinnie Appice, y un viejo conocido en Rainbow, nada menos que Jimmy Bain, que no había logrado despegar con ese extraño proyecto llamado Wild Horses. La incógnita era qué guitarrista iba a estar a la altura de un tipo que había trabajado nada más y nada menos que con Ritchie Blackmore o Tony Iommi.

Parece ser que andaba por allí un irlandés con cierto prestigio en la fecunda horda de la NWOBHM,  Vivian Campbell, que solía quemar cuerdas en un grupo de no mucho renombre, llamado Sweet Savage, una banda cuyo único éxito consistía en aparecer en alguna de las numerosas recopilaciones de grupos de tres al cuarto que el metal británico había parido por aquel entonces. El fue el elegido.

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Ronnie James "Dios" de las masas
Y no pudo haber hecho Ronnie mejor elección. Los cantantes de Sabbath, ya se sabe, y su ojo clínico para descubrir auténticos virtuosos de las seis cuerdas (eh, Ozzy???).
Las dudas se despejan inmediatamente, cuando la aguja desvirga el surco y el riff de “Stand Up And Shout” te golpea sin miramientos. Rápido, cortante y contundente. A día de hoy, la canción de Dio por antonomasia. Rapidez y fiereza. Poco que ver con los pesados riffs que con Iommi había manejado últimamente.

 Se diría que Ronnie buscó un golpe de efecto que le rejuveneciera, y este tema lo hace. Y cuando Campbell inicia su vertiginoso solo, empiezas a intuir que estás ante algo grande, mucho más grande de lo que nos temíamos.

Las concesiones a los buenos tiempos y a las buenas compañías también andan por allí: “Holy Diver” o “Shame On The Night” son temas que bien podría haberle robado el pillastre de Ronnie a su antiguo colega Iommi, y “Rainbow In The Dark” no tiene ese título porque sí. 

A un servidor le capturó particularmente uno de los temas más oscuros del disco, una canción que en principio no destaca sobre las demás: “Invisible”. Pero el mastodóntico riff de Campbell y, sobre todo, el gran, grandísimo solo que se marca el irlandés, ya valió para mí todo el dinero invertido. Y más. Demoledor. La verdad, le veo ahora haciendo el indio con Def Leppard, y otras cosas que no vienen a cuento, y me cuesta creer que sea el mismo tipo que destroza la guitarra en ese tema.

 Se me llevan los demonios con ese hombre, sobre todo teniendo en cuenta lo que rajó de Ronnie en su día. Quizás le hubiera ido mejor tocando con Sweet Savage un par de años más, para luego dedicarse a descargar fardos en Dublín mientras por las tardes daba clases de guitarra a chavales. Menudo imbécil.
La sección rítmica tampoco se queda coja, no señor. Al sonido característico de la batería de Appice (suena exactamente igual que en los discos que grabó con Sabbath), se le une el musculoso bajo de Bain, otro al que le tocó la lotería cuando Ronnie decidió llamarlo a filas. Bain se encarga también de los teclados en este disco, una labor que posteriormente asumiría, como miembro semi-oficial de la banda, Claude Schnell.


Otro de los aciertos de este fenomenal debut fue la combinación de fuerza y fiereza con ciertas concesiones a la comercialidad, como podemos comprobar en “Caught In The Middle” o “Rainbow In The Dark”, temas en los que el teclado se sobrepone al resto de instrumentos. Canciones que posteriormente se hacían de obligado cumplimiento en los shows. Y ese tema… “Don’t Talk To Strangers”. Una bucólica canción que se convierte en el infierno pocos segundos después. A tracas como ésta ya no tenía acostumbrados el bueno de Ronnie en Sabbath. Tremendo.

El nivel del añorado vocalista se mantiene en este disco a la misma altura (si no mejor) de esos monumentos de discos que son “Heaven And Hell” o “Mob Rules”. 
Y esa portada… ya me puedo imaginar cuando salió este trabajo los comentarios de ciertos sectores pacatos de la sociedad norteamericana de esos días: el Diablo anda tras esos surcos. Un demonio arrojando al agua embravecida del mar a un cura encadenado…para que queremos más, señores.

 Algún chaval seguro que tuvo que esconder el vinilo meses, no fuera que sus padres le llevaran inmediatamente a la parroquia para exorcizarlo. Pues bien, amigos, parece ser que la autora intelectual de este asunto fue la, aparentemente, cándida mujer de Ronnie, Wendy Dio. Otra pajarraca que seguro que hechizó al vocalista como en nuestros tiempos, alguna otra, consiguió domar al hombre más malhumorado y huraño que existía… lo conocemos todos, verdad ???

En fin, amigos… que da gusto rememorar, más de treinta años después, un disco sólido y macizo como éste. Quizá, el mayor logro musical de un hombre que tocó varias veces el cielo con su voz, y que demostró así que no le hacía falta tener detrás a ningún megalómano para triunfar a lo grande. 
Esté donde esté el bueno de Ronnie, vaya para él nuestro eterno agradecimiento por legados como éste.
 Va por Usted, Maestro.

Ritchie Moreno





1942-2010



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