miércoles, 3 de diciembre de 2014

VIRGIL & THE ACCELERATORS "ARMY OF THREE"


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NOVEDADES 2014
Así da gusto. En una época en las que los chavales más jóvenes no es que tengan muchas oportunidades de demostrar talento que digamos, cosas como ésta te dan cierto halo de esperanza.

Tipos como éstos, con un par de pelotas, se meten, como power trío, a emular y recordarnos cosas que harían sonreír a Cream, Rory Gallagher, Thin Lizzy, y un sinfín de bandas veteranas. Reivindicaciones con las que apetece rascarse el bolsillo.

Con actuaciones en la península aún muy recientes (en algunos lugares, como Madrid, ante no mucho más de cuarenta personas. Qué vergüenza ¡!!), los tres jovencísimos músicos han venido a defender un trabajo más que soberbio en su concepción y ejecución.

“Army Of Three” es su tercer trabajo, segundo en estudio. Un disco de buen blues rock, arropado con una descarado trabajo instrumental por parte de los tres miembros. Un sonido potente, una voz rota pero que se ajusta como un guante a las composiciones ásperas y macizas de los hermanos McMahon.

Un disco que se abre con todo un puñetazo, “Take Me Higher”. Reminiscencias de Whitesnake o Bad Company, y de grupos también veteranos como Thunder. En la línea del mejor hard británico. Qué bien pinta la cosa.

La absoluta cabeza visible, obviamente, Virgil McMahon, un chaval que en 2013 fue nombrado mejor guitarrista de los British Blues Awards. Ahí es nada. Solos de vieja escuela británica, rítmicas solventes y con cierto sabor a muro de sonido. Con el apoyo de una base rítmica absolutamente eficaz: su hermano Gabriel, todo un entusiasta a los parches, y Jack Alexander Timmis, todo un fiel escudero a las cuatro cuerdas, empastando el sonido de la banda.

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La primera parte es arrolladora, con el mencionado “Take Me Higher” como detonador, y los dos trallazos que le siguen, “Blow To The Head” (Hendrix en chupitos), o “All Night Long” (banda sonora ideal para una noche de juerga).

Y temas absolutamente deliciosos, que nos sosiegan un poco de tanta tralla, como la inmensa “Love Agression”, o “Through The Night”, donde reinan el buen gusto y la sencillez.

“Give It Up” e “It Burns” continúan con la tradición del mejor rock británico. O “Stand Up” y su contundente riff.

“Anymore” y su sosegado tempo nos recuerda que estos chicos también han mamado del mejor blues de las islas.

El final viene también a ser tranquilo, con la a ratos folkie “Free” y su convincente apoyo de teclados.

Un disco con un magnífico equilibrio, sobre todo teniendo en cuenta que lo ejecutan tres chavales que hasta hace poco seguramente pateaban balones en alguna ciudad inglesa. Unos adultos ya para este difícil negocio de la música, donde bandas jóvenes como ésta hacen que imaginemos que igual en un futuro no tan lejano estemos ante unos grandes que han basado esa grandeza en reivindicar a sus mayores.

Gustazo de disco.


Ritchie Moreno




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