viernes, 23 de enero de 2015

ANTHRAX: "LAS DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA"- "AMONG THE LIVING & STOMP 442"

portadamong.blogger.blogdecaido2015
1987
He de reconocer que ni este disco, ni Ánthrax, eran santo de mi devoción en su época. Habiendo escuchado temas de sus trabajos con Neil Turbin en su momento, y luego su “Spreading The Disease”, decidí que eso no era para mí. Craso error. A todo, y esto es extensivo a casi todos los aspectos de la vida, hay que darle una segunda oportunidad. Y yo, afortunadamente, se la dí. Creo que en realidad hago honor a ese refrán que anda por ahí y que reza “cuánto más viejo, más pellejo”.

Así que, en mi proceso de radicalización, redescubrí a estos pájaros. No fue difícil, mi hermano se encargó de machacarme a base de bien con este artefacto que nos ocupa, así que fue como visitar a unos viejos conocidos. Todos los temas me sonaban.

“Among The Living”, aunque es un disco de trash-metal, lo considero como un trabajo más bien oscuro. Ya desde la inquietante portada, con ese individuo que recuerda bastante al reverendo de “Poltergeist II”. Es afilado, sibilino, acuchillante…. rápido y urgente, pero también siniestro en gran parte de su metraje.

Con un tema emblemático en la discografía de los neoyorquinos, “Caught In A Mosh”, que contiene en sí mismo todo lo que esta banda ha sabido dar en toda su discografía e historia. El mejor resumen de su carrera.

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E himnos como lo son también “Indians” o “I Am The Law”, aún obligatorios en sus set-lists. Estamos hablando de uno de los mejores trabajos de metal de los ochenta, con un cantante, Joey Belladonna, que despuntaba en su anterior trabajo, pero que en éste toma un protagonismo apabullante. Nadie se acordaba ya del mencionado Neil Turbin.

Mención aparte para uno de los mejores baterías que pululan por el metal, injustamente olvidado en esos ránkings de mejor golpeador metalero: el simpático Charlie Benante, un tipo que tiene el culo pelado de tocar no solo en Ánthrax, sino en cualquier proyecto metálico que se le proponga.

Y muchos mensajes políticos encubiertos, como por ejemplo, esa burla que hacen de la Liga de Fútbol Americana, la NFL, con ese tema llamado “Efilnikufesin” (Nice Fuckin’ Life). O la mencionada, “Indians”, y su crítica sobre los excesos cometidos con la nación india norteamericana. No se cortan para nada estos chicos.

Es realmente meritorio que un personaje como Scott Ian, el verdadero alma de esta banda, haya sabido manejar a estos tipos durante tanto tiempo, y habernos obsequiado con trabajos tan espectaculares como el que nos ocupa.

Nunca es tarde para descubrir a esta gente, sobre todo ahora, que parecen estar viviendo una segunda juventud, de nuevo con Belladonna en sus filas.


Ritchie Moreno



stomp442portada.blogger.blogdecaido2015
1995
Un trabajo que empieza con un sonoro “puuuuuto”, como es lo que parece decir John Bush al comienzo del disco, ya te va avisando de lo que se te viene encima.

Furioso. Rabioso. Con muy mala leche.

¿Qué les ocurre a estos tipos? ¿Quién les debe tanto dinero? Fue lo primero que pensé al escuchar este trabajo. Joder, el anterior “Sound Of White Noise” ya acumulaba bastante mala baba, pero es que aquí se desborda. ¿Dónde se quedaron las bermudas y el cachondeo de “Bring The Noise”? Parece ser que, con Bush, se acabó ese cachondeo, para meternos a ser una banda de metal más que contundente.

Dan Spitz, el pequeño pero efectivo guitarra solista, había abandonado el barco, quizá temiéndose la avalancha que se avecinaba. Tampoco es que se note mucho su ausencia. Nos dedicamos a la cera pura y dura, y nos dejamos de tanto solo. Pero, vamos, que si hay que hacer alguno, ya tenemos a compinches que nos ayudan, como el malogrado Dimebag Darrell.

Bush se hace dueño absoluto del cotarro. Su exhibición vocal apabulla, esa rabia con la que entona estas metálicas letanías acojona bastante. A este tipo es conveniente no cabrearle.

La primera “Random Acts Of Senseless Violence” (actos aleatorios de violencia sin sentido) es uno de los temas con más mala leche que he oído nunca. El título lo dice todo. Perfecta para ir a trabajar un lunes por la mañana, y que se haya acabado el café.

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Pero es que “Fueled” y “King Size” nos siguen cabreando. No hay tregua en la primera mitad del disco, los cuatro primeros temas son apabullantes.

“Perpetual Motion” baja ya un poco el listón, y nos acerca un poco a los Ánthrax de Belladonna, y “In A Zone” ya es un poco más cercana a “Sound Of White Noise”.

Con “Nothing” nos acercamos a terrenos un poco más comerciales y asequibles, y “American Pompeii” nos desvela unos Ánthrax más hard rock que trash-metal.

Para el final dejamos la sorpresa…. “Bare”. Una balada ¡!!! Esto si que no se lo esperaba nadie. Pero, amigos, prueba superada. Deliciosa, sin ninguna duda. Una instrumentación minimalista, y un Bush que descubre que, detrás del tío rabioso y furioso, hay un cantante de verdad.

Una promoción desastrosa por parte de la discográfica dio al traste con cualquier atisbo de éxito que este disco pudo tener, que debería haber sido mucho. De hecho, hay seguidores del grupo que ni siquiera saben de la existencia de este trabajo. Lamentable.


Somos muchos los que pensamos que con Bush esta gente eran toda una superpotencia, y todavía albergamos alguna esperanza de que recuperen algún día a este fantástico vocalista. Mientras ese día llegue (que llegará), pincharemos una y otra vez este pepinazo de disco.

Ritchie Moreno




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