viernes, 30 de enero de 2015

KISS: "CRAZY NIGHTS" (1987) Y "HOT IN THE SHADE" (1989)

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MIRADA RETROSPECTIVA
Los 80 fueron nocivos para muchos seguidores del Rock. Pero muchos otros caímos presa de la música endemoniada a mediados de aquellos años, años de inocencia para todos aquellos adolescentes que crecimos con la canciones (muchas veces himnos) de bandas como Ratt o Mötley Crüe que eran noveles en aquella década, o de monstruos consagrados que estaban en apuros, gente como Alice Cooper o Aerosmith.

Curiosamente ambos nombres tienen en común un personaje con nuestros protas de hoy (KISS): Desmond Child, músico y compositor al mejor postor que ayudó en la rehabilitación de los mencionados y que con Kiss se hizo un nombre gracias al demoledor y bailable single "I Was Made for Lovin'you" y que también estaba asociado con el compositor Vini Poncia con el que volverá a trabajar para Kiss en uno de nuestros dos discos de hoy: "Hot in The Shade".

Pero empecemos la casa por "Crazy Nights" o como Kiss se lanzan por el trampolín del AOR sin cuerda de "Puenting" que les pueda impedir una buena hostia ¿Pero realmente se la pegaron Kiss con "Crazy Nights"?

Si miramos la opinión general de los fans de la banda desde los setenta, musicalmente diríamos que sí. Pero en cuanto a ventas el disco funcionó bien, despachando un millón de copias, una cantidad que casi doblaba a su antecesor, el también discutido "Asylum" publicado dos años antes.

Lo más destacado de aquél disco fue el debut de un estupendo guitarrista cuyo nombre estuvo relacionado con Michael Bolton o Billy Squier y que lo hacía de lujo, aunque hay que reseñar que el guitarrista ya había grabado dos temas de "Animalize" (1984) y salía en el video "Animalize Live Uncensored".

Ese guitarrista de nombre Bruce y de apellido Kulick, y Paul  Stanley serán los encargados de llevar el peso de "Crazy Nights" junto a compositores ajenos (nuevamente) y de un Gene Simmons que tenía la cabeza en otro sitio y que seguirá firmando temas que tildaremos de correctos, siendo benévolos con "El Demonio", ya que "No no no" o "Hell or High Water" no son precisamente las mejores canciones que compuso para Kiss.

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 Paul Stanley si que da en el clavo, aunque obviamente canciones como "Crazy Nights" o la power ballad "Reason to Live" no son precisamente lo que un fan de discos como "Destroyer" espera de la banda. Ambos temas son puro y duro AOR con Adam Mitchell echando un cable en la primera y con Desmond Child buscando un número uno en la segunda.

"Crazy Nights" es el tema mas famoso del disco. Si este tema no llega a ser de Kiss sabe Dios que hubiese pasado con él. Hiper comercial y accesible a mas no poder, su estribillo y que coño, la melodía en sí tiene azúcar para matar a un millón de personas con diabetes.

Pero "Turn on the Night" llega aun mas lejos, y otra de las canciones marca de la casa "Stanley" bien la pudieron grabar Loverboy o vaya usted a saber, que en manos de los canadienses quedaría de puta madre, pero en manos de Kiss queda cuando menos rara, chocando escuchar a unos KISS tan descaradamente comerciales, aunque en aquella época al final nada dejaba de sorprenderte.

La producción corrió a cargo de Ron Nevison y la verdad es que no es tampoco demasiado lucida; no es un desastre pero al sonido como a unas cuantas canciones les falta "Punch". Se echa en falta un buen derechazo a la mandíbula, y duele especialmente reconocer que nos falta un "Heaven's on Fire" que "Crazy Nights" o "I'll Fight Hell to Hold you" no pueden ni soñar con reemplazar.

Así con todo, el disco ayudó a que una nueva hornada de jóvenes prestasen atención a la banda y conectasen con trabajos mas afortunados de comienzos de la década o de la época del maquillaje, o incluso que pescasen a rockeros o heavies de nuevo cuño que incluso disfrutarían mas con discos como "Animalize" o este "Crazy Nights" que con "Rock And Roll Over" o "Dressed to Kill".




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Con "Hot in the Shade" dos años después la cosa no cambió demasiado. Los grupos de Hard Rock americanos seguían en sus trece. Los estribillos pastelosos y las melodías accesibles que se reproducían gracias a las agujas de los tocadiscos o del laser del "moderno" Compact Disc seguían haciendo estragos.

A todo esto, una nueva hornada de bandas de Rock melódico comercial hacía irrupción con bastante éxito, y bandas como House of Lords, Firehouse, Warrant o Winger entraban con fuerza en las listas americanas y venían a reemplazar a bandas que como Ratt, Keel (entre otras) empezaban a dar síntomas de cansancio.

Kiss entre estas bandas neófitas poco tiene que aportar a lo ya mostrado con cada nuevo lanzamiento desde "Lick it Up". Disco a disco han ido adaptándose a la moda dentro del redil metálico y "Hot in the Shade" no se mueve un ápice de lo que la banda ya nos ofreció con el anterior disco "Crazy Nights".

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Seguimos teniendo la típica "Power Ballad" que empalaga cosa mala firmada esta vez por Stanley y Michael Bolton ("Forever") y la "Crazy Nights" de turno con Desmond Child de gurú en "Hide Your Heart", un entretenimiento AOR que poco después grabaría con bastante mejor fortuna (¿y mala baba?) el ex compinche de la banda Ace Frehley.


A medio camino se quedan las composiciones de Gene Simmons, que no aportan nada nuevo y que sí estancan a la banda en una mediocridad infinita, salvo en un par de excepciones que "Demon" firma con Tommy Thayer, si amigos, el recién salido guitarrista por aquel entonces de unos defenestrados Black N Blue, tira de partitura en las muy decentes "Betrayed" y "The Streets Giveth & the Street Taketh Away", canciones que dejan bastante mal a composiciones de Simmons con Vinny Poncia o que elevan la calidad de este irregular trabajo.

"Hot in the Shade", que llegaba como un disco especial siendo el número quince en quince años de "Beso Metálico" , no cumple con las expectativas creadas. Los colaboradores que como Desmond Child vienen de triunfar con Aerosmith o Alice Cooper, no logran mejoras en el nuevo álbum, tan solo el genio que acompaña a Paul Stanley salva los muebles dentro de un trabajo desigual, con muy buenos momentos pero al que lastran principalmente tres cosas: Gene Simmons, la irregular producción a cargo de la propia banda y lo extenso de su minutaje, casi una hora y quince canciones que se hubiesen solventado con diez y cuarenta minutos.

El Hijo de Ron Keel



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