jueves, 25 de abril de 2013

NOVEDADES: SPOCK'S BEARD "Brief Nocturnes & Dreamless Sleep"

El de Spock’s Beard es otro de esos casos que dan una idea clara del estado en el que se encuentra la música actualmente: Nick D’Virgilio, que en su día saliera del puesto de batería para suplir a Neal Morse como frontman, decide dejar el grupo para, simple y llanamente, asegurar a su familia un sustento más estable trabajando para el Cirque Du Soleil, ya que como el mismo explicaba, ninguno de los miembros de la banda puede vivir únicamente de la actividad con la misma.

 Vamos, que a día de hoy o estás en un grupo grande, o intentas compaginarlo con un trabajo estable, cosa bastante complicada sobre todo a la hora de girar.

portadadiscospocks.hardrockmonsters2013

Lejos de arrojar la toalla, Alan Morse, Ryo Okumoto y Dave Meros deciden tirar del carro una vez más, fichar a Ted Leonard (Enchant) como nuevo vocalista y hacer fijo en plantilla a su habitual batería en directo, Jimmy Keegan. Y desde luego no podrían haberlo hecho mejor. 

Leonard ha entrado en el grupo no sólo para ser su cantante, sino que le han concedido galones a la hora de componer y el disco se abre con un corte firmado por él, “Hiding out”, en el que tras una dulce introducción de piano el resto del grupo hace acto de presencia dándole Leonard con su voz un gusto melódico diferente pero encajando a la perfección en el sonido de la banda.

 Merece la pena destacar la parte del solo, donde Alan Morse juega a intercambiar su guitarra en ambos canales, dando paso a Okumoto y mientras tanto Meros y Keegan despliegan una impecable base rítmica. Curiosa la inclusión del otro tema firmado por Leonard en solitario, “Submerged”, ya que aparecía en su disco en solitario, “Way home”, y aquí sale ganando con unos  pequeños nuevos arreglos que le hacen encajar a la perfección en el conjunto de la obra.

Respecto a Jimmy Keegan, su primera presencia en estudio no podría haber salido mejor, demuestra ser un batería con una gran técnica que no va reñida con buen gusto, creativo, inquieto y que también ha dado nuevas energías a la base rítmica que conforma con Dave Meros.


Es un disco muy homogéneo y se puede destacar algo de cada tema, como en “Something very strange”, con su profusión de teclados, arreglos de mellotron, estribillo pegadizo e intercambios entre Morse, Okumoto y alguna incursión de Meros deleitando a los paladares más exigentes.

Pero volviendo al tema de las novedades, no podemos dejar de mencionar la reaparición del hijo pródigo, el que fuera líder del grupo: Neal Morse, quien deja su firma junto a su hermano y Ted Leonard en “Afterthoughts”, seguramente el tema con sonido más Spock’s Beard clásico con las influencias presentes de Yes y Genesis y en el que no faltan los juegos vocales a capella que tan bien dominan y dan personalidad al sonido del combo. 

Morse (Neal) también deja su impronta en “Waiting for me”, compuesto a medias con su hermano y que es una de las dos piezas más imprescindibles del disco, doce minutos de puro goce que se abren con una épica parte inicial (que también cerrará el tema) antes de que Dave Meros marque un ritmo al que sigue una melódica, vitalista y brillante parte en la que la acústica, el piano y la voz de Leonard son los triunfadores durante la misma y el estribillo.

 Alan Morse deja un emotivo solo, de esos que se nota que salen de dentro, lleno de inspiración y posiblemente el mejor del disco. Un tema que es el cruce perfecto entre el pasado y el presente del grupo, en los que se puede prestar atención a cada uno de sus arreglos de manera individual en cada escucha y paladearlo de diferentes maneras. 

Y cuando hablaba de dos piezas imprescindibles, la otra es “A treasure abandoned”, otro corte largo, de ocho minutos, cuyo majestuoso inicio nos trae de nuevo aromas de los grandes clásicos del prog de los setenta desarrollándose con un delicioso gusto melódico en el que vuelve a influir de manera total el Sr.Leonard y su interpretación durante el estribillo.  

Creo que este disco supone un nuevo e importante capítulo en la historia de Spock’s Beard y debería convertirse desde ya en uno de sus clásicos de referencia a la hora de hablar de ellos. Bravo por no tirar la toalla y, especialmente, por haber sacado lo mejor de si mismos para ello.

Albytor



jueves, 18 de abril de 2013

MIRADA RETROSPECTIVA: THE CULT "Electric"

Confieso que no me fié ni un pelo cuando vi este disco en las estanterías por primera vez… ¿The Cult? ¿Estos tíos vestidos de cuero, con cinturones de balas y aspecto de duros hard-rockeros, son los mismos de “Love”? ¿Otros que se apuntan al carro a ver si suena la flauta? ¿Rick Rubin a los mandos? Uuuuuummmmm…. era sospechoso cuando menos.

Pero me arriesgué, y cuando la aguja empezó a desgranar los sincopados acedecedianos acordes de “Wild Flower”, empecé a pensar que ésto no era ninguna broma… y cuando entró esa batería, absolutamente simple pero absolutamente contundente, las dudas empezaron a despejarse del todo. Pensé: “Dioooooossss, que no sea el típico disco con un tema para engancharte y el resto una colada de relleno….”.


“Peace Dog” aumentó mi confianza. Duffy y su riff monumental, en un tema aún más hard que el anterior, nos confirma que esta gente también ha mamado de fuentes mucho más rockeras de lo que nos imaginábamos. El único pero, si es que se puede poner alguno, son esos coros que deslucen el quizá mejor solo de guitarra del disco.

El disco empieza a ser una oda al macarrismo más absoluto.

Y llega “Lil’ Devil”. Un tema casi perfecto: sin perder un ápice de fuerza con respecto a los anteriores, se nos muestra una canción comercial, pegadiza, ideal para las FM americanas mientras conducimos nuestra Harley o nuestro Chevrolet Camaro. Que no pare, por favor, que no pare ésto….

Y no para. El siguiente puñetazo es, a mi juicio, uno de los mejores números del disco: el impresionante “Aphrodisiac Jacket”. Con Astbury y su repertorio de alaridos y gritos campando a sus anchas. Con Duffy haciendo de las suyas también con otro riff para enmarcar, y otro solo, como los del resto del disco, corto, corto, pero contundente. Y la pegada de un tal Les Warner (por cierto… ¿qué habrá sido de este hombre?), eficacísima y perfecta para un disco como éste…. sin floritutas… solo pegada.
En “Electric Ocean”, y aún noqueados por la demostración de fuerza anterior, rebajamos un poco el voltaje. Ojo… que no es un tema que nos relaje precisamente, volvemos a recordar a los hermanos Young en su versión más Scott, aunque los dichosos coros nos sigan rechinando un poco.

Con la velocidad de “Bad Fun” vuelven las ganas de coger la moto y largarnos hasta donde dé el depósito…. la sección rítmica de Stewart y Warner toma aquí el mando, y deja a Duffy más liberado para hacer de las suyas con la solista.

La segunda cara…. ah, perdón… estaba pensando en esos buenos tiempos donde el vinilo gobernaba el mundo…. empezaba con “King Contrary Man”, un tema canalla y tabernero, que sirve de perfecto preámbulo para el numerazo del disco… el que no mueva el culo con “Love Removal Machine”, señoras y señores, está muerto. Muerto y enterrado. Una de esas canciones que te anima el día. En serio… igual que empiezas el día con un buen tazón de lo que sea, que lo amenice un artefacto como éste, te da la batería necesaria para comerse al que sea. Las cosas no se ven igual después de haberte metido esta dosis en forma de riff perfecto. Y… ¿qué me dicen de la apoteosis final, con el tema absolutamente desbocado, Duffy soltando notas a diestro y siniestro, Astbury chillando como un poseso… ? No hay palabras, amigos, descubranlo (si no lo han hecho ya) por sí mismos.

Nos levantamos del suelo, después de habernos revolcado un rato con el numerazo anterior, y nos encontramos con un clásico. El particular homenaje de los ingleses a Steppenwolf, ese grupo que, sin ser de los grandes, acuñó en su día el término “heavy metal” con este “Born To Be Wild”. He de confesaros que tengo una especial manía a esta canción. Las pocas, poquísimas veces que me he dejado caer por esos engendros de local llamados “karaokes” (supongo que absolutamente borracho,… si no, de qué, moreno…) siempre ha habido algún retrasado mental destrozando la canción. Esta versión de The Cult, afortunadamente, me reconcilia con ella.


“Outlaw” nos golpea cerca del final del disco, como si un desfile de Hell Angels estuviera cruzando el salón de tu casa. Es, efectivamente, un tema perfecto para “outlaws”.

Y, amigos, el final llega con “Memphis Hip Shake”, que no es precisamente el mejor tema del disco, pero que tampoco le pierde la cara a todas las demostraciones de fuerza anteriores.

Señores… la vida no fue lo mismo después de haber oído este pepinazo. Adiós (aunque solo fuera de momento) a los Cult refinados, con tantas reminiscencias ochenta, y cercanos al pop o al gótico.

 A partir de ese momento, nos descubrimos ante dos pesos pesados del hard rock como son el tándem Duffy-Astbury. Y esto no había hecho sino empezar. Lo que seguiría después, esa otra obra de arte que es “Sonic Temple”, nos devolvería el puñetazo multiplicado por diez. Lástima que, a partir de ahí, se parara la progresión (recuperada levemente con “Beyond Good And Evil”, para mí, el cenit de esta gente), para caer ya en experimentos que mejor podrían haber hecho con gaseosa.

De todas formas, y aunque solo sea por este trabajo que este humilde servidor se atreve a comentar, Astbury y Duffy ya tienen su palco de honor en el Infierno.


“Ritchie” Moreno



jueves, 11 de abril de 2013

NOVEDADES: HELLSINGLAND UNDERGROUND "Evil will prevail"




Hay algunas bandas en el norte de Europa que para los rockeros de buen paladar se están convirtiendo en el clavo ardiendo al que agarrarse cuando de nuevos discos toca hablar. Y ya no es de ahora, el fenómeno viene ocurriendo desde hace más de una década, y lo que otrora venía de Los Ángeles, Nueva York o Tejas, ahora viene de Malmo, Copenhague o Helsinki.


Da igual el estilo, bien sea "Garage Rock", "Metal", "Sleazy" o "Punk Rock"...Lo que nunca pensé es que el "Rock Sureño" fuese a florecer en medio de la tundra escandinava...Pues si colegas, y de que forma!

Y es que Hellsingland Undergroud ahora mismo son la "Creme de la creme" dentro de ese estilo.

Con "Evil will prevail" ya van por su tercer trabajo, y vaya disco que se han marcado este sexteto; que tú ves sus pintas y piensas que se lavan la garganta con agua de fuego de Jacksonville City, o que se van a comer carne a la parrilla al mismo garito donde lo hacen los Blackberry Smoke...Pues no amigos, de la boreal Suecia vienen contándonos diez historias de amor, o desamor, que de todo hay, más pausado que cañero pero con una claridad de ideas directamente proporcional a lo sobrio de sus melodías vocales e instumentales, que son tan sobresalientes como en su anterior disco del 2010 "Madness & Grace".




Charlie Grangberg, armónica y voz vuelve a estar soberbio, mientras que los otros cinco no le van a la zaga. Las diez canciones son perfectas, aunque destacaría las ocho primeras por ser todavía más redondas que el resto.


Empezando por "The lost river band" que podría ser el mejor tributo que una banda "Southern" le puede brindar a Phil Linnot y a los Thin Lizzy. Solo por su último minuto de punteos cruzados ya merece la pena.

El tema que titula el álbum es un hermoso "Lunch" del mejor Rock americano vía Eagles/Bob Seger..."Black clouds on the horizon" nos conquista con sus melodías psicodélicas, y "Singing while the world dies" lo hace por todo lo que un amante de Rock suspira cuando va a poner su disco de rock favorito.

"You shine the dark away" es otro de los "Grandes éxitos" que ésta banda se merecería tener, una canción que parece compuesta por los Wilco del excelente "AM" o para los Whiskeytown de Ryan Adams. 

Pero "Evill will prevail" es un disco sin concesiones. Lo mismo te encoje el corazón con la turbia "King of nothing" como te pone al borde de una arritmia con la marchosa "Midsummer's wreath meltdown".

Eagles, Bob Seger, Ozark Country Daredavils, Charlie Daniels Band, Neil Young, Drive by Truckers, The Jayhawks o los injustamente ignorados Whiskeytown son algunos de los testigos mudos de 46 minutos de grandeza, la de unos Hellsingland Underground que se pimplan hasta las cejas de todos ellos, eso si, sin copiar, con enorme talento y unas canciones adimensionales.

Caído en Little Big Horn



jueves, 4 de abril de 2013

MIRADA RETROSPECTIVA- KING'S X "Gretchen goes to Nebraska" + "Faith Hope Love"


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Si hiciéramos una encuesta entre los fans de King’s X, seguramente el segundo disco del grupo, “Gretchen goes to Nebraska”, sería el  que más votos se llevaría.

 La importancia de este disco en la carrera del grupo (para bien y, desgraciadamente, para mal) y el perfeccionamiento de lo que ofrecieran en su debut, marcó su carrera.

Todavía a día de hoy es complicado definir la propuesta del trío americano, en el año 1989 era imposible. No eran hard rock, ni heavy metal, ni rock progresivo…eran “simplemente”, King’s X.  

Es “Gretchen goes to Nebraska” uno de esos discos que se escuchan con gusto de principio a fin, en el que todos los temas aportan y suman al conjunto.

 “Out of the silent planet” (nombre que llevaba el que fuera su disco debut) abre el disco con unos arreglos iniciales de sitar que dan paso al personal sonido de Pinnick marcando con su bajo la mística melodía que replica el no menos inconfundible e inimitable Ty Tabor con su guitarra, sumamos la sólida base que añade Gaskill con su batería y el juego que dan las voces de Pinnick (negra, profunda, soul ) y de Tabor (melódica, llena de ecos Beatles) y nos da  la esencia básica del trío.

 Algunos de los temas aquí presentes han pasado a ser parte de sus conciertos obligatoriamente, y es que es imposible resistirse al netamente rockero y directo “Over my head” y tararear ese mágico “Music, music, I hear music…” o rendirse a la delicadeza de la preciosa “Summerland”, que en un mundo normal habría rendido a todos a sus pies y no sólo a músicos como Dimebag Darrell.

La frescura e imaginación de Tabor fluyen con una naturalidad sorprendente en “I’ll never be the same” asombrándonos con un desarrollo guitarrero atípico tanto en los riffs como en el solo, con un Pinnick dejándose la piel a la voz y unos coros como sólo ellos saben hacer, al igual que “Don’t believe it” en donde sacan todo el jugo posible a los juegos vocales entre los tres componentes (Gaskill es un apoyo básico en los coros).

 Otro de los momentos cumbre es “Pleiades”, con Tabor a la voz sumergiéndonos en una canción que abre con una lenta línea melódica que va intercalando con un riff potente hasta que llega la parte final con un hipnótico pasaje de esos que te hacen soñar.  

Uno de los aspectos que más debate 

generaron al principio de la carrera del grupo es el de sus creencias religiosas, el llamado rock cristiano siempre intentó captarles para su causa, ya que hay  un claro tono espiritual en algunas de sus letras, caso de “Mission”(otro de los grandes temas del disco) o la ya mencionada “Over my head”, si bien Pinnick siempre ha aprovechado este tema en directo para hablar más sobre la importancia del amor sobre los sentimientos religiosos de los que trata en la letra y que se basa en su relación con su abuela, una mujer profundamente religiosa. 

Pese a que la propuesta de King’s X era algo realmente diferente y con una calidad incuestionable, no había como venderlo y la falta de un público concreto a quien dirigir su música provocó que las ventas no fueran las esperadas y el grupo nunca consiguiera despegar pese a haber facturado un disco que marcó a muchos músicos que hablaban, y hablan, maravillas de ellos.

 El destino les condenó a ser un grupo de culto con un seguimiento tristemente minoritario, pero pese a todo han conseguido seguir adelante hasta día de hoy publicando casi siempre discos de gran nivel.

Albytor





EL APUNTE

La inclasificable gracia del trío de Springfield es precisamente esa, que no hay coño donde meterles o como se suele decir etiquetarles ¡Que se jodan los críticos! Y si, se les ha metido en el saco del metal alternativo...What coño is it??????, o el del progresivo...sinceramente Ty Tabor, Doug Pinnick y ese genio de las baquetas llamado Jerry Gaskill son mucho más que eso.

La música de la banda y sus discos están muy por encima de las etiquetas que a todos nos gusta poner, en este caso lo importante es disfrutar de jodidos discazos de Rock con mayúsculas, como en es el caso del tercer trabajo de la banda "Faith Hope Love" del año 90.

Aquí lo que realmente importa es la calidad de las canciones, y disfrutar cada vez que pinchas este puñetero artefacto de increíbles melodías (¿"Six Broken Soldiers" te parece poco?) que lo mismo parecen deudoras de los Beatles (Ese maravilloso "Mr Wilson"), como ponen la directa hasta el infierno y más allá con la cañera "Moanjam".

Temas hipnóticos a cual más genial ¿O no lo son "I cant help it o la alucinante "Faith Hope Love"?. 
Desde luego que no podría decantarme por una sola canción de éste mi álbum favorito de la banda, un disco en el que canciones como "We are finding who we are" o "Talk to you" marcan la pauta. 

Caído en Little Big Horn