viernes, 25 de julio de 2014

GUNS N ROSES: "APPETITE FOR DESTRUCTION" 1987-MIRADA RETROSPECTIVA


De cuando el mundo, y no solo el del rock’n’roll, se puso patas arriba, Capítulo I…
Hay muchos discos que han cambiado, para bien o para mejor, el rock en la Historia: “Sgt. Pepper”, “Led Zeppelin IV”, “Electric Ladyland”…
En los ochenta, a finales, surgió el último bombazo. Uno de esos discos que la gente recordará como “de manual”. De manual de como hacer que un disco de rock guitarrero, agresivo y veloz, hiriente como un cuchillo, se colara en casi todas las casas que contaran con un equipo estéreo. Para nuestro disfrute, y el terror de más de un padre o madre.

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Algunos dirán que no hay mucha explicación para esto: en plenos años 80, el rock de esas características no gozaba precisamente de buena salud, y menos en un país tan pacato y retraído en ese sentido como los USA. De acuerdo que, en el circuito underground, sobre todo angelino, se podía disfrutar de bandas absolutamente macizas y combativas, como los tipos que nos ocupan. Pero era eso… muy minoritario. Hasta que a unos hábiles, habilísimos ejecutivos de Geffen cayeron en la cuenta de que no solo podrían animar el cotarro, sino que además, de paso, se podían llevar unos buenos pellizcos a la buchaca.
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Cogieron por banda a unos tipos absolutamente caóticos, que ya llevaban un tiempo dando bronca por garitos de LA, a pelea por concierto: Duff McKagan y su aire punk, Izzy Stradlin’ con su vena de rock clásico. Axl Rose y su tremenda agresividad, vocal y de actitud. Slash y su guitarra incendiaria. Y un drogadicto sin remedio que le pegaba que la rompía, Steven Adler. Me imagino la cara de estos cinco personajes, que hasta entonces habían estado malviviendo en cuchitriles, drogándose, bebiendo y jodiendo a todo lo que se movía, cuando los de Geffen les propusieron un contrato que les iba a convertir en mega-estrellas del rock. Y que les iba a subir el pavo a la estratosfera.


Estaba todo previsto. Hasta la portada del disco era lo suficientemente transgresora, aunque luego dieran marcha atrás por su supuesto apología de la violación. Incluso en el último momento se decidieron por un productor más hard que el que tenían en principio en mente: “Mutt” Lange fue sustituido a última hora por Mike Clink, un tipo que sabía como afilar guitarras. Iban a ir a saco.

Aquellos incautos, de los primeros que se atrevieron a comprar semejante artefacto, no podían creer lo que encerraban esos surcos. El bofetón primerizo que recibieron con las primeras notas de “Welcome To The Jungle” supongo que les dejaría anestesiados ya para el resto de la avalancha. Hard rock, muy hard, excesivamente hard, sin concesiones. Y la tremenda crudeza, la urgencia de un tema tan punk (cortesía de Mr. McKagan) como “It’s So Easy” terminarían de noquear al más plantado. Joder, aún recuerdo estar en mi casa, y pinchar una y otra vez ese tema, obsesivamente, antes de pasar al resto del disco.

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No hay respiro en la primera parte del disco. Si no has tenido bastante con los dos primeros puñetazos, aún te esperan después dos andanadas más: la más clásica “Nightrain”, (un homenaje a un vino barato, una especie de Don Simón de LA), con su aire de los Aerosmith más macarras, y un trabajo solista de Slash que tumba de espaldas. En este tema se forjó la leyenda de este hombre. Y la de Steven Adler, como uno de los golpeadores más duros del planeta. No, filigranas no. Golpeo seco y directo, al mentón.

“Out ta Get Me”. Me persiguen… quieren atraparme… grita Axl como un poseso, en una canción que bien podría llevar el sello de unos MC5 o unos Stooges enloquecidos y saturados de guitarras. Todo un jodido himno “outlaw”.

“Mr. Brownstone” baja un poco las revoluciones del disco, antes de que te dé un infarto o te estampes contra alguno de los muebles de tu casa haciendo “air guitar”. Su ritmo, macarrazo pero cachondón al mismo tiempo, y el casi rapeo de Axl de la letra, esconden un tema que a mí me parece podrían haber firmado unos Lynyrd Skynyrd de ciudad… de la ciudad del pecado: “Paradise City”.

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Adler y Slash haciendo el ganso
El tema que eligieron como primer single del disco, creo que no hace justicia al resto del disco. Cualquiera que haya comprado este trabajo pensando que todas las canciones iban a ser como ésta, casi un himno de estadio, se llevaría una sorpresa. Lo mismo les ocurriría a todos aquellos incautos que supondrían lo mismo con “Sweet Child O’Mine”, una canción que ha sufrido cierto daño con el tiempo a base de machacarla en infinidad de radio-fórmulas, sean o no rockeras.


“My Michelle” y “Think About You” llevan el sello inconfundible del cerebro en la sombra: Izzy Stradlin. Ese hombre que ocultaba su rostro con el flequillo, con cierto aire frágil y tímido, si lo comparamos con la arrogancia y la chulería del resto de los componentes. Ese hombre y su inmenso guitarrón Gretsch puede que sea el tipo más macarra de los cinco o, por lo menos, el más interesante musicalmente. Sus trabajos en solitario, tras su marcha del supergrupo, así lo demuestran. A no perderse el magnífico debut que hizo con su propia banda, los Ju Ju Hounds, donde le acompañaban tipos tan eficientes como Rick Richards, de Georgia Satellites, y otros entrañables forajidos.

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Hacia el final del disco encontramos los temas más caóticos y deslavazados de este trabajo, pero no por ello menos contundentes: “You’re Crazy” y “Anything Goes”, para terminar con otro de los himnos inmortales de la banda, el soberbio “Rocket Queen”, uno de los platos fuertes del directo de los angelinos.
¿La pena? Que todo empezó…. y se acabó con el mismo disco.

Lo que vino después ya era un supergrupo, abrumado por los excesos, y en manos, absolutamente en manos, de los mismos personajes maquiavélicos que lo habían creado. Dos obras como “Use Your Illusion I y II”, son todavía discos soberbios, pero ya en ellos se echa de menos esa rabia, esa urgencia, esa agresividad y frescura de este primer trabajo. Todo está más organizado, no como en “Appetite…” donde estoy casi seguro que alguien les diría a los chicos: “salid a tocar, y divertíos”.

Hard rock, punk, actitud… éste es un disco que todavía pone los pelos de punta cuando lo pinchas. Y seguirá poniéndoselos a generaciones futuras, que verán en él un resumen casi perfecto de todo la filosofía que ha dominado este movimiento. El sexo, las drogas y el rock’n’roll.

Ritchie Moreno



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Los GUNS apunto de hacer volar L.A. City




viernes, 18 de julio de 2014

MARILLION-PROGPORTAJE!: "MISPLACED CHILDHOOD" & "CLUTCHING AT STRAWS"

Confieso que tengo sentimientos encontrados con este disco. Después de dos obras maestras como fueron “Script For A Jester’s Tear” y “Fugazi”, las ganas que tuve por aquel entonces de disfrutar de una nueva dosis de dramatismo, soledad, desesperación, etc… en forma de música, se me vieron un poco traicionadas con este trabajo. Encontré un disco cálido, nostálgico, que reivindicaba amores perdidos, recuerdos de la niñez, y unos aires celtas más que notables. Pero…. muy poco de esa rabia contenida, de esa locura en forma de desesperación, de ese existencialismo que dominaba los dos primeros discos.

Carátula Frontal de Marillion - Misplaced Childhood
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  Incluso encontré a un Fish menos Fish que en otras ocasiones. Sin parte de ese agresivo y gabrielesco tono suyo que daba miedo en algunas canciones. Un Fish reposado, que se pasa gran parte del disco recitando en lugar de cantando.

  El primer sorbo de este trabajo engaña. Esa intro atmosférica con “Pseudo Silk Kimono” parece que nos va a devolver a ese aura misterioso que Marillion tan bien dominan. Eso solo un instante, pero un instante emocionante. Porque “Kayleigh” nos descoloca por completo. Una canción pop en toda regla, de esas que han abrasado las radio-fórmulas hasta conseguir que más de uno, entre los que me cuento, ha llegado casi a odiar. Si, señores, fue la primera incursión de Marillion en el mainstream, con lo que el misterio y el dolor de sus anteriores obras quedaban casi diluidos. Una pena el abuso que han hecho con este tema que, de no haber sido ametrallado sin piedad, podría hasta ser una gran canción.

 Pasado el disgusto que nos provoca oir por enésima vez “Kayleigh”, nos encontramos con otro golpe de efecto. Tampoco muy agradable. “Lavender” y su aire de canción infantil, muy conectada con el título del disco, sigue impacientando a los fans de la vieja guardia. A esos que queremos oir aullar a Fish.

 Con “Bitter Suite”, la parte más interesante del disco, se empiezan a arreglar un poco las cosas. “Brief Encounter” es una de esos maravillosos tempos atmosféricos en los que Mark Kelly se hacía dueño y señor del asunto, y te proponía volar hasta donde tu imaginación quisiera. En mitad de esa orgía de teclados, la guitarra de Rothery hace de las suyas, y hasta podemos distinguir percusiones de cierto aire étnico. Pero se hace corto, muy corto este viaje. Algo más de ese aire no le hubiera venido mal al disco.

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 “Heart Of Lothian”, otra de las mini-suites que componen este disco, nos acerca al lado más escocés y celta del disco. Una reivindicación, supongo, de Fish, militante de las tierras altas donde los haya. Aunque también aquí encontramos melodías semi-infantiles como “Wide Boy”, no muy afortunadas.

La segunda parte se abre con otra exhibición de Kelly en “Waterhole (Expresso Bongo)”, con más percusiones étnicas por ahí. Esta segunda parte esconde otro de los momentos salvadores del disco, “Blind Curve”, con sus nueve minutos de fantasía marca de la casa, y algún momento dramático, cortísimo, como en pequeñas dosis, un goteo que a muchos nos hubiera gustado alargar.

Intrascendentes las dos piezas que cierran, “Childhood’s End” y “White Feather”.
Con este disco, Marillion empezaron a jugar en la Primera División, y eso les pasó factura. Musical y personalmente. Algunos de sus miembros, Fish especialmente, no asimilaron precisamente bien el pasar de tocar en antros y tugurios a llenar estadios. Los excesos y roces ya empezaron a asomar en una banda que se había dejado ya de muchos de los dramatismos y toques neo-prog  que adornaron su primera época, y que se asomaba tímidamente a otro tipo de rock, ése que gusta de aparecer en las emisoras FM de medio mundo
 Empezaban a perder, y esto es una opinión personal, gran parte de la magia y el misterio. ¿¿¿ O quizá no????







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Clutching At Straws”. Algo así como “agarrándonos a un clavo ardiendo”. Que buen título para este disco. Ya la portada del siempre presente Mark Wilkinson, oscura y sin la luminosidad de otras ocasiones, te prepara para lo que vas a encontrar dentro.

Un álbum casi conceptual con la historia de Torch, un supuesto descendiente del bufón que adorna casi todas las portadas del grupo hasta ese momento, sumergido en los problemas personales, los abusos de drogas y alcohol, etc, bien refleja el ambiente que rodeaba a la banda por aquel entonces. La música es casi una plasmación en vinilio de lo que ocurría en Marillion a finales de los años 80.

Un mal digerido éxito con su anterior trabajo, “Misplaced Childhood”, llevó a algunos de sus componentes, especialmente a Fish, a una situación casi límite, en la que el hacer buena música casi ya pasaba a un segundo plano.

Curiosamente, esa mala baba que se respiraba, y esa incomunicación en la que alguno de los miembros había caído, fue el caldo de cultivo casi perfecto para que Marillion retomaran, esta vez, esa senda tortuosa y dramática con la que, hasta “Misplaced…”, todos les habíamos identificado. Los temores, las inseguridades, los miedos, etc, impregnan todo este disco. No hay mal que por bien no venga.

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Marillion jugando al "Chapolo"
En este trabajo vamos a encontrarnos de nuevo con canciones reflexivas y crispadas como la que abre el disco, “Hotel Hobbies” (atentos a esa violencia sónica que se desata en este tema). La máxima expresión del miedo, del terror, lo podemos notar en la monumental “White Russian”, uno delos mejores temas que Marillion jamás han grabado, y que cuenta las terribles condiciones en la que se puede llegar a vivir privado de libertad, en un gulag, en una prisión, en un campo de exterminio… tremendo ese “Where do we go from here ???” que abre la canción. Los pelos como escarpias, señores, en el final de este tema, con la guitarra de Rothery aullando un solo dramático, los teclados de Kelly inundándolo todo, y Fish en un tono entre agresivo y suplicante que da auténtico pavor. Toda una montaña rusa de sensaciones.

“Going Under”, que no fue incluída en principio en el vinilo, pero que si lo fue posteriormente en las versiones en CD, es otro de esos temas que bien podrían haber formado parte de “Script…” o “Fugazi”. Algunos sonreímos con satisfacción al escuchar canciones, maravillas acústicas como ésta. Hemos vuelto a casa.

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También queda algún poso del tipo de temas que tan bien les funcionaron en “Misplaced”, como “Warm Wet Circle” o “Sugar Mice”, y alguno de esos cortos, cortísimos momentos atmosféricos en los que Mark Kelly se desboca.
“Incommunicado” podría ser, sin lugar a dudas, la “Garden Party” de este disco.
Y momentos intimistas, como los de la suave “Torch Song”, o “That Time Of The Night”.


En otras palabras, del blanco (“Misplaced…”), pasamos al negro. Muy negro esta vez. Un álbum opresivo y claustrofóbico. Como debe ser un buen disco de Marillion. El último con Fish, al que no sabemos si terminaron expulsando del grupo, o decidió abandonar por iniciativa propia.

A partir de ese momento, todos conocemos la historia. Otro cantante, otro grupo (como muchos opinamos desde entonces). Ya nada fue lo mismo. Pero me alegro de que el final de esa maravillosa época fuera un disco como éste.


Ritchie Moreno





jueves, 3 de julio de 2014

URIAH HEEP "OUTSIDER": NOVEDADES 2014

Uriah Heep, el mastodóntico invento puesto en marcha por Mike Box a finales de los sesenta va camino con paso firme hacia el medio siglo. La otrora banda co-liderada por el teclista Ken Hensley y que contó con vocalistas de la talla de David Byron o John Lawton lleva desde hace al menos un cuarto de siglo con los mismo tipos recreando los clásicos del malo de Dickens y cada vez con más regularidad y acierto publicando un material excelente en estudio.

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Desde mediados de los noventa los trabajos de los Heep han ido recuperando el pulso después de algún que otro traspies a finales de los ochenta, y en estos tiempos en los que nos ha tocado vivir con ellos día a día me estoy empezando a dar cuenta de que cuando no estén estos tipos entre nosotros les voy a echar de menos.

Hay bandas que incluso me tira de los huevos que sigan o no cuando les ves flacos de ideas o sus directos se vuelven sencillamente insoportables. Por ahora los Heep no parece que vayan a darnos un disgusto; en directo son una maquina vetusta de recambios duraderos que parece que tienen cuerda para un rato. Y en estudio Uriah Heep acaban de publicar unos de sus mejores discos.

Parece mentira que se pueda hablar de tal cosa con los hacedores del "Magician´s Birthday" o del "Sweet Freedom", pero es que "Outsider" no desmerce para nada al gran sonido británico de Rock Duro comercial de espíritu Prog "Made in" Uriah Heep.

Por otra parte el veterano Bernie Shaw lleva como vocalista de la banda más que ningún otro que haya tenido tal honor y Phil Lanzon como teclista hace tiempo que me hizo olvidar al gran Ken Hensley.

Uriah Heep con "Outsider" no permanecen pertrechados en la trinchera del Rock Duro que ayudaron a inventar, dan un paso al frente a bayoneta calada compitiendo como nadie ahora mismo, regalándonos el mejor trabajo de Rock Duro de lo que va de año (con el permiso de lo nuevo de los suizos Gotthard)  con doce canciones que nos explotan en la puta cara y cuya metralla nos hiere de pura felicidad con cada riff, con cada nota y con cada canción. Sensacional no, lo siguente!

El Hijo de Ron Keel



BUFFALO "ONY WAN YOU FOR YOUR BODY" 1974:TROGLODITAS DEL ROCK DURO VOL 5:

buffalo foto portada ronkeelhijoEl caso es que estos "Buffalo" desataron su particular infierno de riffs y atronador Rock N Roll unos cuantos años antes que los hermanos pequeños Young con sus ACDC. Este temible cuarteto formado en Sydney en sus comienzos profesaban culto al demoniaco Tommy Iommi y a sus riffs como dejaron grabado en "Dead Forever" (1972) y "Volcanic Rock" (1973).
"Volcanic Rock" fue el trabajo con el cual la banda empezó a ser conocida en Australia y en algunos circulos fuera de el país austral. Entre sus miembros destaca el bajista Pete Willis, un músico que prestaría más adelante sus servicios a los tremendos y macarras "Rose Tattoo".
"Only Want You For You Body" publicado en 1974 es el tercer LP de los Buffalo. En este trabajo la banda se va a decantar desde la inicial "I´m a Skirt Lifter, Not a Shirt Raiser" por un Rock Duro mucho más directo que el de sus anteriores trabajos.

Dejan a un lado los experimentos más vinculados con la música de los Sabbath o el Progresivo y conectan riffs puramente rockanroleros y super broncas (Aunque los temas "Dune Messiah" y "Stay With Me" ya las quisieran para si bandas del tipo Kadavar o Horisont).

Los ocho temas son de nivel, destacando los dos más largos, "King Cross Ladies" y "United Nations" son dos perlas negras de la serie B del Rock potente de la década de los setenta. 

Ahora solo queda que lo pongas en tú tocadiscos y como ellos dicen en la contraportada del álbum "Now Blow Your Speakers Out"!!! Ni los mismísimos Manowar oiga!!!

El hijo de Ron Keel