viernes, 30 de enero de 2015

KISS: "CRAZY NIGHTS" (1987) Y "HOT IN THE SHADE" (1989)

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MIRADA RETROSPECTIVA
Los 80 fueron nocivos para muchos seguidores del Rock. Pero muchos otros caímos presa de la música endemoniada a mediados de aquellos años, años de inocencia para todos aquellos adolescentes que crecimos con la canciones (muchas veces himnos) de bandas como Ratt o Mötley Crüe que eran noveles en aquella década, o de monstruos consagrados que estaban en apuros, gente como Alice Cooper o Aerosmith.

Curiosamente ambos nombres tienen en común un personaje con nuestros protas de hoy (KISS): Desmond Child, músico y compositor al mejor postor que ayudó en la rehabilitación de los mencionados y que con Kiss se hizo un nombre gracias al demoledor y bailable single "I Was Made for Lovin'you" y que también estaba asociado con el compositor Vini Poncia con el que volverá a trabajar para Kiss en uno de nuestros dos discos de hoy: "Hot in The Shade".

Pero empecemos la casa por "Crazy Nights" o como Kiss se lanzan por el trampolín del AOR sin cuerda de "Puenting" que les pueda impedir una buena hostia ¿Pero realmente se la pegaron Kiss con "Crazy Nights"?

Si miramos la opinión general de los fans de la banda desde los setenta, musicalmente diríamos que sí. Pero en cuanto a ventas el disco funcionó bien, despachando un millón de copias, una cantidad que casi doblaba a su antecesor, el también discutido "Asylum" publicado dos años antes.

Lo más destacado de aquél disco fue el debut de un estupendo guitarrista cuyo nombre estuvo relacionado con Michael Bolton o Billy Squier y que lo hacía de lujo, aunque hay que reseñar que el guitarrista ya había grabado dos temas de "Animalize" (1984) y salía en el video "Animalize Live Uncensored".

Ese guitarrista de nombre Bruce y de apellido Kulick, y Paul  Stanley serán los encargados de llevar el peso de "Crazy Nights" junto a compositores ajenos (nuevamente) y de un Gene Simmons que tenía la cabeza en otro sitio y que seguirá firmando temas que tildaremos de correctos, siendo benévolos con "El Demonio", ya que "No no no" o "Hell or High Water" no son precisamente las mejores canciones que compuso para Kiss.

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 Paul Stanley si que da en el clavo, aunque obviamente canciones como "Crazy Nights" o la power ballad "Reason to Live" no son precisamente lo que un fan de discos como "Destroyer" espera de la banda. Ambos temas son puro y duro AOR con Adam Mitchell echando un cable en la primera y con Desmond Child buscando un número uno en la segunda.

"Crazy Nights" es el tema mas famoso del disco. Si este tema no llega a ser de Kiss sabe Dios que hubiese pasado con él. Hiper comercial y accesible a mas no poder, su estribillo y que coño, la melodía en sí tiene azúcar para matar a un millón de personas con diabetes.

Pero "Turn on the Night" llega aun mas lejos, y otra de las canciones marca de la casa "Stanley" bien la pudieron grabar Loverboy o vaya usted a saber, que en manos de los canadienses quedaría de puta madre, pero en manos de Kiss queda cuando menos rara, chocando escuchar a unos KISS tan descaradamente comerciales, aunque en aquella época al final nada dejaba de sorprenderte.

La producción corrió a cargo de Ron Nevison y la verdad es que no es tampoco demasiado lucida; no es un desastre pero al sonido como a unas cuantas canciones les falta "Punch". Se echa en falta un buen derechazo a la mandíbula, y duele especialmente reconocer que nos falta un "Heaven's on Fire" que "Crazy Nights" o "I'll Fight Hell to Hold you" no pueden ni soñar con reemplazar.

Así con todo, el disco ayudó a que una nueva hornada de jóvenes prestasen atención a la banda y conectasen con trabajos mas afortunados de comienzos de la década o de la época del maquillaje, o incluso que pescasen a rockeros o heavies de nuevo cuño que incluso disfrutarían mas con discos como "Animalize" o este "Crazy Nights" que con "Rock And Roll Over" o "Dressed to Kill".




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Con "Hot in the Shade" dos años después la cosa no cambió demasiado. Los grupos de Hard Rock americanos seguían en sus trece. Los estribillos pastelosos y las melodías accesibles que se reproducían gracias a las agujas de los tocadiscos o del laser del "moderno" Compact Disc seguían haciendo estragos.

A todo esto, una nueva hornada de bandas de Rock melódico comercial hacía irrupción con bastante éxito, y bandas como House of Lords, Firehouse, Warrant o Winger entraban con fuerza en las listas americanas y venían a reemplazar a bandas que como Ratt, Keel (entre otras) empezaban a dar síntomas de cansancio.

Kiss entre estas bandas neófitas poco tiene que aportar a lo ya mostrado con cada nuevo lanzamiento desde "Lick it Up". Disco a disco han ido adaptándose a la moda dentro del redil metálico y "Hot in the Shade" no se mueve un ápice de lo que la banda ya nos ofreció con el anterior disco "Crazy Nights".

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Seguimos teniendo la típica "Power Ballad" que empalaga cosa mala firmada esta vez por Stanley y Michael Bolton ("Forever") y la "Crazy Nights" de turno con Desmond Child de gurú en "Hide Your Heart", un entretenimiento AOR que poco después grabaría con bastante mejor fortuna (¿y mala baba?) el ex compinche de la banda Ace Frehley.


A medio camino se quedan las composiciones de Gene Simmons, que no aportan nada nuevo y que sí estancan a la banda en una mediocridad infinita, salvo en un par de excepciones que "Demon" firma con Tommy Thayer, si amigos, el recién salido guitarrista por aquel entonces de unos defenestrados Black N Blue, tira de partitura en las muy decentes "Betrayed" y "The Streets Giveth & the Street Taketh Away", canciones que dejan bastante mal a composiciones de Simmons con Vinny Poncia o que elevan la calidad de este irregular trabajo.

"Hot in the Shade", que llegaba como un disco especial siendo el número quince en quince años de "Beso Metálico" , no cumple con las expectativas creadas. Los colaboradores que como Desmond Child vienen de triunfar con Aerosmith o Alice Cooper, no logran mejoras en el nuevo álbum, tan solo el genio que acompaña a Paul Stanley salva los muebles dentro de un trabajo desigual, con muy buenos momentos pero al que lastran principalmente tres cosas: Gene Simmons, la irregular producción a cargo de la propia banda y lo extenso de su minutaje, casi una hora y quince canciones que se hubiesen solventado con diez y cuarenta minutos.

El Hijo de Ron Keel



viernes, 23 de enero de 2015

ANTHRAX: "LAS DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA"- "AMONG THE LIVING & STOMP 442"

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1987
He de reconocer que ni este disco, ni Ánthrax, eran santo de mi devoción en su época. Habiendo escuchado temas de sus trabajos con Neil Turbin en su momento, y luego su “Spreading The Disease”, decidí que eso no era para mí. Craso error. A todo, y esto es extensivo a casi todos los aspectos de la vida, hay que darle una segunda oportunidad. Y yo, afortunadamente, se la dí. Creo que en realidad hago honor a ese refrán que anda por ahí y que reza “cuánto más viejo, más pellejo”.

Así que, en mi proceso de radicalización, redescubrí a estos pájaros. No fue difícil, mi hermano se encargó de machacarme a base de bien con este artefacto que nos ocupa, así que fue como visitar a unos viejos conocidos. Todos los temas me sonaban.

“Among The Living”, aunque es un disco de trash-metal, lo considero como un trabajo más bien oscuro. Ya desde la inquietante portada, con ese individuo que recuerda bastante al reverendo de “Poltergeist II”. Es afilado, sibilino, acuchillante…. rápido y urgente, pero también siniestro en gran parte de su metraje.

Con un tema emblemático en la discografía de los neoyorquinos, “Caught In A Mosh”, que contiene en sí mismo todo lo que esta banda ha sabido dar en toda su discografía e historia. El mejor resumen de su carrera.

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E himnos como lo son también “Indians” o “I Am The Law”, aún obligatorios en sus set-lists. Estamos hablando de uno de los mejores trabajos de metal de los ochenta, con un cantante, Joey Belladonna, que despuntaba en su anterior trabajo, pero que en éste toma un protagonismo apabullante. Nadie se acordaba ya del mencionado Neil Turbin.

Mención aparte para uno de los mejores baterías que pululan por el metal, injustamente olvidado en esos ránkings de mejor golpeador metalero: el simpático Charlie Benante, un tipo que tiene el culo pelado de tocar no solo en Ánthrax, sino en cualquier proyecto metálico que se le proponga.

Y muchos mensajes políticos encubiertos, como por ejemplo, esa burla que hacen de la Liga de Fútbol Americana, la NFL, con ese tema llamado “Efilnikufesin” (Nice Fuckin’ Life). O la mencionada, “Indians”, y su crítica sobre los excesos cometidos con la nación india norteamericana. No se cortan para nada estos chicos.

Es realmente meritorio que un personaje como Scott Ian, el verdadero alma de esta banda, haya sabido manejar a estos tipos durante tanto tiempo, y habernos obsequiado con trabajos tan espectaculares como el que nos ocupa.

Nunca es tarde para descubrir a esta gente, sobre todo ahora, que parecen estar viviendo una segunda juventud, de nuevo con Belladonna en sus filas.


Ritchie Moreno



stomp442portada.blogger.blogdecaido2015
1995
Un trabajo que empieza con un sonoro “puuuuuto”, como es lo que parece decir John Bush al comienzo del disco, ya te va avisando de lo que se te viene encima.

Furioso. Rabioso. Con muy mala leche.

¿Qué les ocurre a estos tipos? ¿Quién les debe tanto dinero? Fue lo primero que pensé al escuchar este trabajo. Joder, el anterior “Sound Of White Noise” ya acumulaba bastante mala baba, pero es que aquí se desborda. ¿Dónde se quedaron las bermudas y el cachondeo de “Bring The Noise”? Parece ser que, con Bush, se acabó ese cachondeo, para meternos a ser una banda de metal más que contundente.

Dan Spitz, el pequeño pero efectivo guitarra solista, había abandonado el barco, quizá temiéndose la avalancha que se avecinaba. Tampoco es que se note mucho su ausencia. Nos dedicamos a la cera pura y dura, y nos dejamos de tanto solo. Pero, vamos, que si hay que hacer alguno, ya tenemos a compinches que nos ayudan, como el malogrado Dimebag Darrell.

Bush se hace dueño absoluto del cotarro. Su exhibición vocal apabulla, esa rabia con la que entona estas metálicas letanías acojona bastante. A este tipo es conveniente no cabrearle.

La primera “Random Acts Of Senseless Violence” (actos aleatorios de violencia sin sentido) es uno de los temas con más mala leche que he oído nunca. El título lo dice todo. Perfecta para ir a trabajar un lunes por la mañana, y que se haya acabado el café.

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Pero es que “Fueled” y “King Size” nos siguen cabreando. No hay tregua en la primera mitad del disco, los cuatro primeros temas son apabullantes.

“Perpetual Motion” baja ya un poco el listón, y nos acerca un poco a los Ánthrax de Belladonna, y “In A Zone” ya es un poco más cercana a “Sound Of White Noise”.

Con “Nothing” nos acercamos a terrenos un poco más comerciales y asequibles, y “American Pompeii” nos desvela unos Ánthrax más hard rock que trash-metal.

Para el final dejamos la sorpresa…. “Bare”. Una balada ¡!!! Esto si que no se lo esperaba nadie. Pero, amigos, prueba superada. Deliciosa, sin ninguna duda. Una instrumentación minimalista, y un Bush que descubre que, detrás del tío rabioso y furioso, hay un cantante de verdad.

Una promoción desastrosa por parte de la discográfica dio al traste con cualquier atisbo de éxito que este disco pudo tener, que debería haber sido mucho. De hecho, hay seguidores del grupo que ni siquiera saben de la existencia de este trabajo. Lamentable.


Somos muchos los que pensamos que con Bush esta gente eran toda una superpotencia, y todavía albergamos alguna esperanza de que recuperen algún día a este fantástico vocalista. Mientras ese día llegue (que llegará), pincharemos una y otra vez este pepinazo de disco.

Ritchie Moreno




martes, 20 de enero de 2015

ASHKAN: "IN FROM THE COLD" 1969- TROGLODITAS DEL ROCK DURO VOL 7

ashkanportada.blogger.blogdecaido2015Si queridos amigos. A las primeras de cambio y con el 2015 recién inagurado "Trogloditas del Rock Duro" vuelve a la primera linea de este blog. En esta ocasión para presentaros y como no podía ser de otra manera (Of Course!), recomendaros, alguno de aquellos artefactos sonoros del primigenio Rock Duro que tanto nos gustan por aquí, y que abarcan desde los tiempos de Cream hasta mediados de la década de los setenta.

En esta ocasión os presentamos el único trabajo de los británicos "ASHKAN", un cuarteto que se decantaba por un fuerte Rock Duro de guitarras con cierto virtuosismo que se dejaba camelar por el Blues ácido deudor de Cream, la "Piscodélia" de finales de la década de los sesenta y los primeros pasos dados por bandas como Led Zeppelin, Jethro Tull,Free, Fleetwood Mac, Blind Faith o los Ten Years After.

"In From The End", título del plástico en cuestión, es el único trabajo que Ashkan publicarán en su vida, siendo además el primer título del sello "Nova", subsidiaria de "Decca" y que se especializaría en Rock Progresivo y derivados.

Los amantes de aquellos vetustos sonidos duros de finales de la década sixties seguramente vibrarán con los ocho cortes del álbum, canciones con una media de duración de unos cinco minutos y medio que solo se ven traspasados por las dos canciones que cierran cada cara, la Blues Zeppeliana "Backlash Blues" (un cover de la época clásica de ese estilo) con sus casi ocho minutos, y "Darkness"; un tranquilo lienzo sonoro a medio camino entre la Physc Rock y El Proto-Heavy que alcanza los doce minutos y que es posiblemente el tema mas destacado de este "In From The Cold".

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Los cuatro miembros de la banda realizan un estupenda labor, empañada quizás por una producción un tanto irregular, que merma algunos pasajes del disco, dejando coja por momentos a la sección rítmica y en un segundo plano al vocalista Steve Bailey, un cantante que sin llegar a ser Paul Rodgers si que realiza una buena labor, con una timbre de voz áspero que en ocasiones me recuerda al del desgraciadamente desaparecido Joe Coker.

El músico mas destacado de la banda es el guitarrista Bob Weston. Nacido en Plymouth (Reino Unido) en el 47, formaría parte de bandas como los Fleetwood Mac (con los que grabaría los discos "Penguin" y "Mystery to Me", ambos grabados en el 73) o los Back Cat Bones y en este "In From the Wood" destaca por su versatilidad tanto a las seis cuerdas como a la mandolina, destacando con este instrumento en la hippy "Stop (Wait and Listen)", no haciendo prisioneros en los momentos en los que se requiere la aspereza de su guitarra y de su forma de tocar (la inicial "Going Home" o la muy notable "One of Us Two") .

"In From the Cold" fue editado por primera vez en cd en el año 93. En el 2004 el sello "Jewel-Case" lo reeditaría en ese mismo formato y recientemente el sello francés "Klimt" haría lo propio en vinilo.

Caído en Little Big Horn





viernes, 16 de enero de 2015

STREETS: "CRIMES IN MIND" 1986

En 1983 Kansas se habían convertido al AOR. Se habían bautizado en almibar con "Vinyl Confessions" , un trabajo en el que el vocalista era Joe Elefante que suplía a Steve Walsh.

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MIRADA RETROSPECTIVA
En una época en la que voces como la de Lou Gramm, Steve Perry o David Bickler estaban dedicadas  en cuerpo y alma al género mas melódico del Rock Duro, se echaba de menos a un señor como Steve Walsh.

El problema se subsanó con Streets, un nuevo super grupo en el que acompañaban al vocalista de San Luis el guitarrista de los City Boy Mike Slammer, el bajista Billy Greer (ambos en la actualidad lideran los estupendos Seventh Key) y el batería y percusionista Tim Gehrt.

El primer disco ("Streets") se publicó en 1983 con el británico Neil Kernon de productor (Bowie, Thin Lizzy, Supertramp...).
El disco contó con un par de singles de discreto éxito y con nueve auténticos temazos.

Un año y medio mas tarde saldría la continuación que llevaba por título "Crimes in Mind", y que esta vez contaba con el productor de Ratt Beau Hill a los mandos técnicos. El peso en la tarea compositiva recaía principalmente en Steve Walsh y en el formidable guitarrista de la banda Mike Slammer, aunque también echaba una mano Randy Goodrum, que era colega del teclista de los Survivor y escritor de canciones para un montón de gente Jim Peterik.

El dibujo para "Crimes in Mind" varía más bien poco respecto a su antecesor. Un sonido perfecto, pulido y cristalino nos acompaña durante las diez canciones del plástico.

"Si "4" de Foreigner, "Frontiers" de Journey o el pomposo debut de Asia te habían gustado, y el propio debut de Streets también ¡Prepárate! "Crimes in Mind" es tú disco para llevarte directamente a la cima del AOR que campeaba en el 86.

Pero nada mas lejos de la realidad; el álbum navegó entre problemas de managers y personal del sello "Atlantic", y un producto muy bien cuidado para romper moldes en los "Charts" americanos se la pegó y de que manera.

Así fue que en unos pocos meses Streets ya eran historia y Steve Walsh regresaba a Kansas, pero no  lo hacía con las manos vacías, le acompañaba el bajista Billy Greer. Una pena, ya que canciones como "Hit and Run", la inicial "Don't Look Back" o la "Pyroleppardiana" "The Nightmare Begins" merecieron mejor suerte.

Caído en Little Big Horn




viernes, 9 de enero de 2015

RUSH ROCKPORTAJE: 1982-1987 ("LA EDAD DE HIELO")

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1982
Me va a ser complicado escribir sobre este disco sin que se me vea el plumero. Porque… a ver… voy a hablar del disco que me compré nada más cobrar mi primer sueldo decente en esta vida. El disco con el que me quedaría, sin dudar, en el supuesto de que tuviera que quemar toda mi discoteca y quedarme con un solo trabajo. El mejor trabajo de rock progresivo que los oídos de este pobre mortal han oído nunca. Así que Vd., amable lector, me perdonará en algunas fases de la hemorragia de subjetividad.

A Rush ya se le empezaban a notar, demasiado, los tonteos con la tecnología en su anterior trabajo, “Moving Pictures”. Unos tonteos que supusieron que los seguidores más tradicionales de la banda empezaran a mosquearse un poco con la profusión de sintetizadores y artefactos digitales que pululaban en ese disco. Ese tonteo se convirtió en algo ya institucionalizado en este disco. Geddy Lee se convirtió no solo en uno de los mejores bajistas del planeta, sino en un consumado teclista. Pero, ojo, puso esos teclados al servicio de la magia de Rush, creando atmósferas que hubieran venido muy bien en anteriores trabajos de la banda.

“Subdivisions” ya, de entrada, te sumerge en esas atmósferas. Majestuoso el riff sintetizado. Majestuosa la guitarra de Lifeson, de la que algunos dicen quedó seriamente perjudicada en este trabajo. No estoy de acuerdo, para nada. Los que esgrimen esa falacia deberían ajustar bien el ecualizador de su cadena musical. Igual se encuentran con riffs y efectos que ni hubieran imaginado que estaban. Por cierto, el trabajo de producción de Terry Brown (el cuarto miembro del grupo, todavía, por aquel entonces), y el sonido del disco, extraterrestres. Hablamos de 1982, y hay pocos discos que tenga o que haya escuchado, con un sonido siquiera aproximado.


Un tema que habla de castas, tan de moda en estos días. De cómo has de integrarte forzosamente en una sociedad que te considerará un elemento extraño de no hacerlo. El mundo está subdividido en clases, y a algunas no podrás aspirar de ninguna de las maneras. ¿Ciencia Ficción? No, amigos. Realidad y actualidad absolutas. Sería una inmejorable banda sonora para un libro como “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley.

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Volvemos al asunto de las guitarras. En “The Analog Kid” se demuestra, absolutamente, que Lifeson no quedó relegado a un segundo plano, ni mucho menos. El riff potente y rápido de este tema, y el solo, uno de varios que contiene este disco, excátedra, son para quitarse el sombrero. Un viaje a la infancia, tipo “Red Barchetta”.

El inicio de “Chemistry”… ¿qué se puede decir? No creo que haya quedado mucha gente que haya podido mantener la boca cerrada con ese inicio una vez lo haya oído. Lifeson sigue empeñado en cerrar bocas, pero por otro motivo que ya hemos tocado. El solo, corto, con el que adorna, aún más, este tema es quizás el mejor que le haya oído yo a este hombre, con permiso de “La Villa Strangiato”. La vida es pura química, amigos.

Y ahora empezamos a tocar el tema de las influencias. Externas. Si, en “Digital Man”, cosas como el reggae…. bueno, yo diría que, más que el reggae, un grupo absolutamente de moda por aquella época. The Police. Los tres canadienses supongo que no pudieron escapar tampoco de ese bombazo con el que los tres rubios británicos asolaron el mundo. Lo perdonamos porque The Police eran un grupazo, aunque en otros menesteres, y porque esos adornos policíacos le quedaron que ni pintados a un tema como éste. Hay tramos de esta canción que parecen, directamente, sacados de “Walking On The Moon”… eh, Geddy ???

“The Weapon”, supuesta segunda parte de “Fear”, nos golpea con un potente riff de Lifeson, y con una sección central muy dominada por los teclados y la tecnología. El miedo siempre ha sido el arma más potente.

De nuevo reminiscencias policiales en el tema quizás más comercial del disco, “New World Man”. Con ello comenzó la costumbre de incluir un tema, más o menos comercial, más o menos accesible, en las segundas caras de los discos de Rush. No por ello desentonando con el resto del material.

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Otra joya, la melancólica “Losing It”, a continuación. De cómo el paso del tiempo va minando las habilidades que, en otras épocas, todo ser humano posee. A destacar en esta canción el delicado pero magistral toque del violín eléctrico, cortesía de Ben Mink. Una absoluta delicia.

Y, para finalizar, nos vamos al espacio. No podía ser de otra manera. Toda esta tecnología tenía que terminar en un proyecto como “Countdown”. Los tres canadienses tuvieron la oportunidad de visitar diversas instalaciones de la NASA, donde supongo quedarían totalmente cautivados. Y lo reflejaron, de que manera, en este tremendo tema, una fiel crónica de cómo deben ser los momentos previos a un lanzamiento espacial. Todo ese ajetreo, helicópteros sobrevolando el cielo, voces por radio que surgen de todas partes, una línea de bajo por parte de Lee de las más potentes que le oído a este hombre, Lifeson y sus riffs…. Un disco no debería cerrarse con un tema así. Te quedas con ganas de más.

Y, estarán Vds preguntándose…. Peart ??? Pues Neal dando una de sus exhibiciones baterísticas y letrísticas. Siendo el verdadero alma en la sombra de Rush. Neal idea e imagina, y Lee y Lifeson ejecutan. Tan sencillo, y tan complicado al mismo tiempo, como eso. Insuperable.

Espero hayan disfrutado Vds del viaje que les he propuesto. Lo único que ha pretendido este humilde redactor es descubrirles, a los que no lo hayan hecho aún, algo que, de perderse, habrán lamentado toda la vida. Y a todos aquellos, muchos, que por fortuna hemos crecido con este artefacto al lado, recordarles que discos como éstos son los que te explican por qué amas el rock’n’roll.


Ritchie Moreno




1984
A mediados del año 1984 salía a la venta el álbum más controvertido de Rush hasta la fecha. Grace under pressure fue un disco valiente mediante el cual nuestros amados Lee, Lifeson y Peart intentaron expandir mercado y horizontes musicales a un tiempo.

 Lo cierto es que en los discos anteriores ya se apreciaba cierto aperturismo, en forma de experimentos sonoros y sutiles acercamiento a otras músicas. Sin embargo lo que quizás llame más la atención en este álbum sea el cambio de productor, ya que el grupo prescindió de los servicios del gran Terry Brown con el que habían grabado la mayoría de sus discos y que prácticamente podríamos considerar el cuarto integrante de la banda hasta ese momento.

Finalmente el encargado de los controles fue Peter Henderson, buen productor que había hecho grandes labores con gente como Frank Zappa o Wings. El sonido conseguido es más luminoso, con una importancia de los teclados creciendo de forma exponencial en relación con obras anteriores, dinámica que continuarían en sus dos discos posteriores.

Un trabajo deudor de la década de los ochenta y no sólo en cuanto a sonido. Las influencias de grupos como The Police o Talking Heads le darían frescura y una nueva vida al sonido del grupo. En cuanto a temática se refiere podríamos decir que hablamos de un álbum conceptual, pero no en el sentido tradicional del término. Las canciones versan sobre las reacciones humanas frente al stress y presiones de diferente índole así como los miedos latentes en el tramo final de la guerra fría.

El álbum arranca con Distant early warning, canción que nos habla de la amenaza de una hecatombe nuclear y de cómo debería enfrentarla la humanidad. Un tema imprescindible que desde el principio sienta las bases de lo que es esta obra, esto es, armonías de teclado y guitarra muy trabajadas, estribillos con grandes melodías, una base rítmica de escándalo, poderosa y retozona a un tiempo y unas letras de gran nivel lírico. Podemos comprobar que la voz de Lee se escucha más amable y accesible que en los discos anteriores y la guitarra de Lifeson va cediendo protagonismo a los sintetizadores, cosa que a la larga les traería algún que otro problema como grupo.

Afterimage diserta sobre la manera en que las personas pueden encarar la pérdida de seres amados. En lo musical es un bello medio tiempo con un gran trabajo de guitarras, algunas pinceladas de reggae que insuflan vitalidad y optimismo a una cuestión tan penosa y una sentida letra que rinden homenaje a un amigo perdido.

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"GRACE UNDER TOUR" !!!
Red sector A es uno de los puntos álgidos del álbum, un tema imperecedero, basado en las vivencias de la madre de Lee durante la segunda guerra mundial y narrado en clave de distopía futurista. Una bellísima canción con un gran progreso armónico y melódico, en la que los sintetizadores juegan un importante papel.

The enemy within es un gran tema con base ska, orientado por una gran línea de bajo y con unos interesantes teclados ambientales a modo de puente. Enmarcada dentro de la serie de canciones Fear que Rush grabarían a lo largo de los años, el tema principal es el combate interno que nos enfrenta a nuestros propios miedos y la necesidad de superarlos.

The body electric es una divertida y directa canción, con un gran solo a cargo de Lifeson y una base rítmica poderosa. También es de destacar el gran estribillo en código binario, de los que no se olvidan.
Kid gloves es un buen medio tiempo en el que las guitarras de Lifeson cobran gran protagonismo, dejándonos unos solos para el recuerdo. Un tipo de tema que cobraría más protagonismo en futuros álbumes del trío, sobretodo en la década de los noventa.

Red Lenses tiene grandes momentos como ese ritmo sincopado a cargo de Peart y una muy buena línea de bajo. El tono humorístico de la letra es de agradecer.
Como cierre del disco nos encontramos con Between de wheels. Un estupendo tema, con un soberbio trabajo instrumental y una muy buena conjunción entre los teclados de Lee y la guitarra de Lifeson.

En definitiva, un muy buen disco, deudor de su tiempo, tanto en sonido como en temática, que puede no ser el favorito de mucha gente, pero que atesora una calidad fuera de toda duda. Los sonidos progresivos se iban dejando atrás de manera paulatina al tiempo que se sumergían en conceptos más cercanos a la New Wave.

 Un álbum muy entretenido, con diferentes matices sonoros y que funcionó bastante bien a nivel comercial. Un disco a reivindicar, que bien puede ser el mejor que grabaron en esa década, si exceptuamos el Moving pictures, claro.

Odiseo Haller 





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1985
En su continua búsqueda de sonidos y territorios inexplorados, Lee, Lifeson & Peart dieron una nueva vuelta de tuerca a su música en “Power windows”.

Era una época en la que en la música rock y pop la tecnología entró de lleno con teclados y sintetizadores, en algunos casos como un elefante en una cacharrería y en otros adaptándose a lo que el grupo quería buscar. Los canadienses no fueron ajenos a este fenómeno y lo que ya empezó a despuntar en “Signals”, y prosiguió en “Grace under pressure”, terminó teniendo la mayor parte de protagonismo en este disco.

En un jugada más que acertada en grupos progresivos para no caer en la repetición de esquemas ( conseguir que alguien te saque de tu zona de confort y te fuerce a probar cosas nuevas), Rush volvieron a cambiar de productor y ficharon a Peter Collins ya que, según él mismo llegó a comentar, querían a alguien que estuviera involucrado en los adelantos tecnológicos y sonidos como los que sacaba Trevor Horn.

Es suficiente escuchar el arranque de “The big money”, con los sintetizadores manejados por Lee acaparando todo el protagonismo, para saber lo que nos vamos a encontrar a lo largo del disco. Una producción cristalina, un sonido limpio, con un Geddy Lee cantando en tonos menos agudos y más melódicos (¿hace falta decir algo de su labor al bajo?), un Peart tan acertado como de costumbre jugando de nuevo con parte de su kit electrónico pero adaptando como siempre su maestría a las canciones, y un Lifeson con menos distorsión pero no por ello dejando de hacer un gran (e infravalorado) trabajo en este disco.

“Grand designs” incide en los ecos ska que ya aparecieron en “The enemy within” de “Grace under pressure”, con un Lifeson estupendo tanto en las rítmicas como en esos pequeños/grandes arreglos que no deja de ofrecer entre fraseos rítmicos principales y un solo que prolonga cuando vuelve a entrar la voz de Lee.

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“Manhattan Project” es uno de los ejemplos de temas más progresivos pero de duración concentrada que figuran en “Power windows”. Tras la apertura de Peart con un pequeño redoble de ritmo marcial, los teclados y sintetizadores llevan la batuta, Lifeson vuelve a ofrecer un recital de arreglos entre los cambios de ritmo del tema y Lee & Lifeson no pierden el compás entre ellos. Tras este se nos presenta “Marathon”, en el que esta vez el bajo lleva la voz cantante, Peart da una lección de cómo ejecutar de manera brillante sin apabullar y tras un delicioso y pequeño interludio instrumental, Lifeson regala un solo corto pero maravilloso. Para enfatizar el carácter épico y, por momentos, dramático, se inventan cosas tan sencillas como un arreglo de teclado que parece imitar una pequeña lluvia de estrellas musical y unas cuerdas que coronan la parte final.

Los toques asiáticos que da Lifeson al comienzo de “Territories” junto a sus guitarrazos más agudos y riffs enérgicos, son los cimientos de un tema en que los teclados más prominentes se llevan buena parte del protagonismo.

“Middletown dreams” y “Emotion detector” son dos canciones con un sentimiento algo melancólico, además ambos comparte una temática similar, como herederas de las líneas que trazó Peart en “Subdivisions”, esta vez animando al oyente a no limitarse a vivir ocultando sus sentimientos, sino a no tener miedo a expresarlos y perseguir sus sueños. Una vez más cabe destacar la labor de Lifeson en el que, como ya he comentado, posiblemente sea su trabajo más infravalorado, los diferentes matices que aporta con una gama de recursos diferentes y arreglos de todo tipo, están al nivel de su mejor obra.

Para cerrar el trabajo, “Mystic rhythms” no podría tener un nombre más acertado y su tono musical y lírico así lo constatan. Peart despliega aquí todo su arsenal electrónico con un gusto exquisito y la canción, a la par que mística, produce un efecto hipnótico.

Terminando con una curiosidad que incide más en el carácter de la búsqueda de nuevas formas de utilizar la tecnología que buscaban en ese momento los tres magos canadienses , este fue su primer lanzamiento en formato cd.

Albytor






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1987
Quienes acusaron a Rush de inmovilistas y conformistas a mediados de los ochenta, encontraron otro motivo para seguir echándoselo a la cara a los de Toronto con la publicación de su quinto disco de estudio en esa década, "Hold Your Fire", un trabajo al que tacharon de frio y que sacrificaba los riffs de guitarra y la pegada percusiva en beneficio de los sonidos sintetizados con los que Rush llevaban practicando desde comienzos de la década.

Ciertamente, esa será la única pega que se le puede poner a Rush aunque no la comparto para nada, ya que el trío canadiense por lo menos en la década más manida y maniatada por las corporaciones discográficas de la historia de la música popular, tuvieron los arrestos de seguir haciendo la música que les salía de las pelotas.

Y la música que alumbra "Hold Your Fire" es de todo menos mala, manida o conformista. Puede ser más relajada en según que temas ("Second Nature") ¡Pero que diablos! Estamos hablando de un disco de Rush, y eso va unido inexorablemente a música de calidad. Mismamente, ese tema es una delicia, muy Pop Rock si se quiere ver y atmosférico.


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Ocurre algo parecido con "Prime Mover", aunque se trata de un tema más Rockero que el anterior. La formidable melodía que lo envuelve lo convierte en un temazo. Los paralelismos con el disco anterior "Power Windows" ( No en vano repite productor) se hacen palpables en la intensa "Lock & Key", bacanal de guitarras y sintetizadores que arropan a las características voces de los Rush ochenteros que en este disco dan un paso más al frente, evolucionando.

Que el ciclo musical de Rush continua expandiéndose en busca de nuevas aventuras es un hecho contrastable en varias de las canciones de "Hold Your Fire".

El formidable despertar del álbum con "Force Ten" es un buen ejemplo. Las carreras de teclados, guitarras, bajo y batería, seguidas de planeadas interrupciones Tecno a lo Ultravox, imprimen un caracter único a la música del trio. Algo que refrendan en las primordiales "Time Stand Still" y "Mission".

 En la primera, en la cual colabora la vocalista Aimee Mann, su presencia dulcifica aún más las melodías de un tema ya de por sí melódico. "Mission" es enorme, un tema imaginativo, cuidadosamente pomposo e inteligentemente grandilocuente. Quien dice que Neal Peart estaba de vacaciones en este disco es que no le ha prestado suficiente atención a su trabajo mismamente  en este tema 

"Turn The Page" es otro ramalazo de música tecnológica y Rock, fecundada con el mismo esperma que "Mission", puede presumir de las mismas virtudes; grandes rítmos + inmejorables melodías. Ni tan siquiera las gélidas "Tai Shan" o "High Water" empañan un trabajo como "Hold Your Fire", lo suficientemente compacto para no naufragar en una década donde grandes transatlánticos se fueron a pique por sus ansias de dinero por delante de la expresión musical.

Caído en Little Big Horn